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12/9/12

La perpetua insaciabilidad de tequeños*

Cuando los venezolanos en el exterior expresamos nuestra nostalgia por los tequeños, nos miran con extrañeza. Cierto, son sabrosos, pero tampoco son gran cosa, vistos desde afuera. Una masa de harina de trigo envuelve un trozo de queso anodino y se come como una empanadita frita, de cerca de 1,5 cm de diámetro y 5 o 6 cm de largo. Una nadería. Cualquier gourmet preferiría comer, como entrada, camarones al ajillo o dedos de mozzarella empanizada. 

Lo que no saben los extranjeros es que los venezolanos nos hemos criado bajo el signo de una perpetua insaciabilidad de tequeños, que explica nuestra devoción.