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23/8/12

No te fumes ese joint: estoy hasta la madre*

Partida de la Caravana de la Paz. Detrás de la valla, Tijuana.
Del lado de acá, San Diego. Los mexicanos se despiden.
Cualquier persona deseosa de abrazar una causa humanitaria express decide fácilmente dejar de usar zapatos Nike en protesta por el trabajo esclavo en Asia. O bien puede abstenerse de comer animales que son tratados con crueldad. Pero estos activistas del foie gras no son tan rápidos a la hora de dejar de fumar marihuana u oler coca porque detrás de su diversión haya más de 50.000 muertos en México. ¿Por qué? ¿No leen las noticias? ¿Nada les hace clic?

Quienes nunca han probado drogas, tal vez no entiendan la diferencia entre un consumidor recreativo y un drogadicto. Bien, es la misma entre quien toma una copa de vino en una cena y un alcohólico. Nunca me opuse al consumo recreativo, como concepto, de drogas blandas. Mi rechazo vino luego. Llegó un momento, durante el manejo cotidiano de la noticia como editora de una agencia de prensa, en que validar un despacho cada día sobre los muertos en México comenzó a convertir las drogas en un producto demasiado macabro para invitarlo a una fiesta. A menos que sean de cosecha propia o el consumidor conozca su origen.