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16/7/12

“¿Quieres tener hijos?”

“¿Quieres tener hijos?”. Pum. Así nomás. La pregunta vino justo después de “mucho gusto”, de parte de un tipo que definitivamente no quería perder el tiempo conmigo.
Ahí estaba yo, pues, de golpe, relatándole los quehaceres de mi fecundidad a un desconocido. Lo conocí en un sitio de citas online. Nos reunimos a desayunar. (A los gringos les encanta conducir 40 minutos y pagar 20 dólares por un par de huevos revueltos con tocino y pan tostado.) Cuando llegué, él ya estaba sentado. Era músico, como todo el mundo en Los Ángeles. Buen lector, con pensamiento científico y sentido del humor. Mi mente iba haciendo check, check, check. Pero cuando se puso de pie, resultó ser un gigante. No un tipo alto cualquiera: un Gigante de más de dos metros. Un hombre que habrían quemado en la Edad Media; que sembraría el terror en Perú. Podía matarme con una sola mano sin ningún esfuerzo. Y yo no quiero salir con alguien que puede matarme con una sola mano y sin esfuerzo. Me gustaría que le costara al menos un par de horas. 

           Además, después de haber iniciado nuestra primera conversación sobre el estado sanitario de mi órgano reproductor, dejó en claro que quería tener gigantitos conmigo. Así que mis deshabitados ovarios y yo lo descartamos.
Desde que me mudé a Los Ángeles, mis amigos Athena, Matt y Barclay han estado insistiéndome en que mis resquemores contra los sitios de citas online son un prejuicio cultural. En Estados Unidos, dicen, es la única manera de conocer gente, después de la Universidad. Barclay divide su vida social entre sus amigos y las chicas que conoce en OkCupid.com. Athena y Matt se conocieron en un sitio de citas donde se comparten gustos musicales. Una amiga musulmana tiene un perfil en una página donde conoce a otros musulmanes, aunque no ha tenido mucha suerte porque ellos no esperan encontrarse a una periodista liberal. Hay un sitio para cristianos que quieren llegar vírgenes al matrimonio (ChristianMingle.com) y muchos dirigidos a post-neohippies que celebran sus primeras citas en granjas productoras de cannabis, en una nueva tendencia que se llama “weed dating”. En otras palabras: para cada loco, hay un sitio de citas online.
Me convencieron entonces de que el sentimiento de patética desazón que me generan estas páginas es mero provincianismo tercermundista. En Roma, tal y tal. De modo que, en nombre de la curiosidad periodística, que siempre es una buena coartada, me metí en una web que hace “matches” según las preferencias de lectura. Puse en mi perfil una lista de una docena de libros que había leído últimamente. Vargas Llosa, Murakami, Gladwell, Kureishi, Arundathi Roy. Así. Han pasado más de seis meses y, en todo el universo internáutico estadounidense, no ha aparecido un solo hombre que haga “match” con mi selección. A estas alturas, si apareciera alguien me asustaría muchísimo más que con el Gigante.
Luego, también con curiosidad periodística y antropológica, quise investigar eso del “speed-dating”. Lo hemos visto en montones de películas, pero no sospechaba que fuera en efecto tan popular por acá. El principio es que no necesitas toda una cena para darte cuenta de que alguien te atrae. La atracción es algo que pasa o no pasa y se reconoce en menos de un minuto. Estoy de acuerdo con el concepto: me doy cuenta de que un tipo me gusta en menos de cinco minutos y demoro en decidir que lo amo no más de tres días. A la semana, aproximadamente, ya estoy en condiciones de vivir con él y, en menos de un mes, a morir por él. Pero, además, en una sociedad donde el tiempo escasea y el ocio no existe, no hay nada más práctico que ahorrar horas de conversaciones y montones de dinero en bebidas, gasolina y maquillaje para salidas que serán infértiles. Así que, para optimizar el tiempo, se ha creado esta forma de self-pitching. Hacer un “pitch” es presentarle a otro un proyecto con la idea de venderlo. El speed-dating consiste en llevar el pitching al extremo de lo emocional. Las mujeres quieren casarse, los hombres buscan sexo. En algún punto intermedio, a veces, ambos se encuentran. Pero para eso hay que saberse vender.
En un evento de speed-dating, los participantes van a un restaurante, donde los organizadores han dispuesto varias mesas. Las mujeres se quedan sentadas en su mesa. Son las que eligen. Los machos son penes a la caza, que van rotando de lugar con la esperanza de hallar tibio alojamiento. Cada uno tiene una etiqueta con su nombre pegada en la ropa y, cada seis minutos, suena una campana: “¡Switch!”, gritan los organizadores. Entonces los hombres cambian de silla y todo vuelve a empezar:
“¿A qué te dedicas?”
“¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?”
“¿Te identificas más con el Este o con el Oeste?”
(Ésta es una curiosidad muy angelina: la gente que vive en el Este, como yo, es más hipster, o pobre, como se quiera poner; mientras los que viven en el Oeste son más frívolos, o ricos.)
Con esas preguntas uno conocerá al amor de su vida… o a un ocasional vibrador orgánico.
A los ocho hombres que me sentaron enfrente en el evento de speed-dating al que fui, les gustaba salir a trotar en su tiempo libre, sin importar lo gordos que fueran. Conocí a un presunto neurocirujano que no tenía ni idea de quién era Oliver Sacks, a un supuesto ingeniero de la NASA que no estaba enterado de los recortes de presupuesto del gobierno para el programa espacial y a un hipotético corredor de bolsa (¿en Los Ángeles?) al que le gustaba disfrutar los domingos paseando con la chica que ama, “tomados de la mano y mirando el atardecer”.
Los demás eran seguramente psicópatas.
La mitomanía generalizada era tan obscena, en todos los niveles y de parte de todos los participantes, que mi ingenuo discurso ya me empezaba a parecer a mí misma un desvarío megalómano. Una mujer con la que hablé luego sobre el tema me dijo que era “fan” del speed-dating porque siempre daba resultados. Le pregunté cómo es que seguía yendo a los eventos de speed-dating si daban tantos resultados. Cambió de tema.
De los sitios de citas online, OkCupid.com es el más popular en Los Ángeles. Match.com es considerado demasiado “mainstream” para toda esta cohorte de artistas. Cuando hice mi perfil en OkCupid, porque yo también soy artista, una de las preguntas con las que debía definirme a mí misma era:
“¿Qué es lo primero que la gente nota de ti?”
“Mi nariz”, puse. Hay que ser honestos. Pero no pasó nada. Luego de dos semanas, lo cambié: “Mis tetas”. Bum, millones de mensajes de hombres interesados en conocer mi agitado mundo interior y mi pasmosa intelectualidad. Finalmente, lo modifiqué de nuevo por algo menos procaz: “Mi acento”.
La mayoría de los hombres ponen cosas como “mi sentido del humor”, “mi buen talante”, “mi amor por la vida”, “mi capacidad de sonreír” o “mi habilidad para escuchar”. Y muchos de ellos eligen fotos donde aparecen con su perro o su gato. Si éstos tienen problemas de salud, se ocupan de anunciarlo. A los artistas angelinos les encanta tener mascotas discapacitadas, porque así parecen mejores personas. Entre ellas, las que más se cotizan son los gatos asmáticos. Supongo que son alérgicos a sí mismos.
En ese mundo ajeno y misterioso de OkCupid, en el que sólo los gringos se entienden, hay que responder un largo interrogatorio, muy parecido a un test de Cosmopolitan, que supuestamente definirá tu personalidad para que se faciliten luego los “matches”. La pregunta que más me gusta es:

“¿Qué consideras más ofensivo?
• Quemar banderas
• Quemar libros”.

Y, así, uno baja sus estándares hasta el punto de conformarse con que un tipo estime más ofensivo quemar libros que banderas para considerarlo un potencial amante.
Entre los no-quemadores de libros que he conocido, destacan un simpático japonés que habla perfecto andaluz y es fan de los Shakers (una banda uruguaya que imitaba a los Beatles en los años ‘60) y un enano judío que coescribe el guión de Family Guy. Sí, tengo problemas con los tamaños. En cuanto aprenda a interpretar las alturas en pulgadas que ponen los tipos en sus perfiles, les juro que todo va a mejorar. 
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17 comentarios:

Franco (@fvidiella) dijo...

Muy bueno! Yo conoci a mi mujer en Facebook... Y nos da un poco de vergüenza decirlo por eso del tema cultural.

Leila Macor dijo...

Oh! No tengan vergüenza! Liberemos nuestras amarras tercermundistas :)

Lissette González dijo...

Con facebook hay al menos una excusa: no estás allí solo para buscar pareja. Asi que si ocurre, es como haber conocido a alguien en una fiesta. Saludos!

Anónimo dijo...

Buenísimo! Tendrías que crear un sitio para latinos-que-no-entienden-esto-de-los-sitios. No tienen filtros para psicópatas esos sitios? De todas formas podrías apostar al japonés de Los Shakers, se ve original. Ana inês

Cecilieaux Bois de Murier dijo...

Como siempre, espectacular, Leila. Se lo voy a pasar a mucha gente. Y si, tenés razón, hay en todo el concepto de la caza amorosa en USA also de regateo de feria que nos resulta odioso a los que tenemos senisbilidades m;as amplias. Y te digo, a mi pareja la encontré de la manera normal, en un encuentro social.

Anónimo dijo...

genial!!! lloré de risa contigo

Santiago dijo...

"Pero, además, en una sociedad donde el tiempo escasea y el ocio no existe, no hay nada más práctico que ahorrar horas de conversaciones y montones de dinero en bebidas, gasolina y maquillaje para salidas que serán infértiles."
Ja ahora entiendo porque habías disminuido tu tasa de entradas en el blog. Te estabas adaptando, pasaste del país del ocio a su desierto
Volvé Leila necesitamos de tus análisis sociales

Victor dijo...

Je je je...muy pero muy gracioso, casi increíble. De veras que vale la pena pasar por todo el proceso para ver desde adentro todo eso. Muy bueno. Respecto al japonés, wow! increíble, así como el coescritor de los guiones de Family Guy (soy seguidor de esa serie). Pero, como decía la canción "...ni poco ni demasiado, todo es cuestión de medida..." je je je...Saludos, genial una vez mas. Éxitos.

Leila Macor dijo...

Gracias, gente. Me alegra que les gustara. Santiago: sí, esa es la razón por la que no estoy actualizando casi nunca. ¡No tengo tiempo! Extraño el ocio montevideano...

Leila Macor dijo...

Y Víctor, increíble pero cierto tuíto. Bueno, casi tuíto.

Victor dijo...

Si, me sumo a lo que te decía Santiago. En la medida de lo posible, volvé!!

Rubén Prado dijo...

Yo te conozco por tu blog y me gustas. Sólo tengo un defecto, agudo para una venezolana, soy colombiano.

gabriela dijo...

Genial, Leila. En la TV argentina hay una serie, El hombre de tu vida, que trata sobre una agencia matrimonial. El tema es que entre los clientes masculinos, hay UNO SOLO, y pariente de la dueña. Y para que no se le termine el negocio, el candidato tiene que enamorar primero a la clenta, y luego desencantarla. Asi ella queda conforme pero no "compra".
Es muy gracioso, y describe, con sarcasmo, lo que debe pasar en la realidad. (A pesar de todo, yo conocí a mi novio en Match.com! Tuve suerte, o ahora las cosas se enrarecieron y ya no son tan efectivas como antes...) Un saludo, y buena semana.

Panta dijo...

¡Excelente, pero te advierto, pequeña, si persites en este tren de demostrar inteligencia y sentido del humor, como lo haces en tus textos, vas a terminar soltera!

Odiseo en Puebla dijo...

Leila, en esta época de las citas express y de esta manera tan corta e insatisfactoria de conocer gente, prefiero que te tomes tu tiempo y escribas con calma tus entradas. Había olvidado lo maravilloso que es leerte. (Nota mental: tendré que probar esa forma de conocer chicas.)

Alfa Segovia de Stanley dijo...

¡Qué bueno que volviste a escribir en tu blog, Leilucha!
Esta crónica me situó en mi verdadera "age": ¡"Vieja, revieja y requetevieja"! Lo más parecido que conocí a lo que vos describís es cuando en los periódicos se publicaban avisos para encontrar pareja. Eran algo así como "clubes del amor". Cada uno se describía a sí mismo. Las descripciones eran muy similares. Las mujeres se definían como "hogareñas" y "simpáticas". Los hombres-todos- eran altos, delgados y de ojos verdes. Siempre-en la realidad- quedaban cosas sin decir, y las decepciones al conocerse personalmente eran calamitosas.
Muy interesante el candidato gigante que quería tener gigantitos contigo. Todo un hallazgo y un gran divertimento (siempre y cuando te animes a ser triturada rápidamente) De lo contrario,-me parece- no está mal elegir NO tener babys y seguir escribiendo tan bien como lo haces. Como en tu blog decís que sos uruguaya a veces, te mando un fuerte y cariñoso abrazo de oso.

gustavomendoza dijo...

Un gran amigo mío sin prejuicios culturales, de las personas mas importantes para mi en la vida "osea" prácticamente  "Yomesmo" no le gusta viajar 40 minutos para comer tortilla y no comerse el postre completo ha optado por conocer amigas de todo tipo al estilo web-on. Aunque no soy muy agraciado fiscamente perdón  mi amigo tampoco soy estúpido y no accedo fácilmente ante las bellas scammers que se enamoran fácilmente de ti y necesitan dinero urgente  para volar a tus brazos que  luego resultan ser hombres en Nigeria o Rusia.
Las hay del tipo romántico espiritual que te preguntan por tu tipo de carro y cuanto ganas al año, tan bellas buscando su príncipe azul el amor de su vida.
Otras como las chicas webcam previo registro con tarjeta de crédito que quieren pasarla bien contigo en cuero a distancia . También hay las del tipo perversas satánicas 50  sombras de Grey gorditas la mayoría buenas para la relajación. Por supuesto hay de todo gente mucha gente sola en busca de amor verdadero y hasta el asesino sicotico en busca de novia para relación corta. Las que ha visto y oído mi amigo.  Uff. Saluditos y horny matches Leila ...