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20/12/11

El instrumento de la alegría

Rob Schneider estaba cansado. Yo también. Él había pasado el día grabando su nueva serie y, al terminar, tenía que dar entrevistas a al menos diez periodistas que estábamos allí, sentados frente al set donde usualmente se acomoda el público con la única misión de reírse. Yo llevaba tres horas esperando y además había tenido que caminar de arriba abajo los estudios de CBS dos veces. Ya era tarde, tenía hambre y ganas de ir al baño. (Si uno tiene hambre y quiere ir al baño, no hay entrevistado que merezca la pena). Cuando por fin me tocó a mí, ya lo había escuchado repetir los mismos chistes varias veces con otros periodistas y asentir con la misma sonrisa a las mismas preguntas. Por eso lo primero que le dije fue:

–Esto te va a tomar sólo dos minutos, no te preocupes que te voy a liberar rápido.