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8/2/11

El Divino Efecto Placebo

En lugar de escribir una retahíla de excusas para justificar mis tres meses y pico de abandono de este blog, diré solamente: tengo tendinitis en una rodilla. Específicamente en un lugar con el gracioso nombre de poplíteo, que es el hueco posterior de la rodilla; donde dobla uno la pata, digamos, y ocasionalmente la estira. Qué tiene que ver una inflamación poplítea izquierda con actualizar un blog, se preguntará el lector. Pues nada. Ya lo verá.

Después de mi genial idea de ponerme a esquiar en agosto del año pasado en Chile, poseída por el maligno espíritu de una turista snob, mi rodilla no me ha perdonado las ínfulas de deportista. Y al cabo de estos casi siete meses de dolor, la única constatación que he podido hacer sobre la Vida y la Verdad, es: nunca te roban tanto como cuando más necesitas ayuda.

Como soy un bicho escéptico, alópata y cínico, por supuesto acudí a un traumatólogo y luego a una fisiatra, quien me envió dos semanas a fisioterapia. Comencé a sentir que me estaban jodiendo cuando insertaron mi pierna en un cilindro hueco y lo “encendieron” sin que yo notara ninguna diferencia respecto a su estado anterior, por lo que aquello para mí bien podía ser un rollo de papel higiénico gigante.