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21/10/11

Stop being sweet

“You sound too sweet".

“Of course I sound sweet, I AM sweet”.

“Well, stop being sweet!”.

Así de simple. Que deje de ser dulce. Sencillísimo. De golpe esa supuesta dulzura de la que he sido acusada toda mi vida, y que cuando vivía en Uruguay me era además muy útil para ganar simpatías, se convierte en un defecto del que debo deshacerme. Como si fuera una sábana sucia, un cepillo de dientes olvidado por un visitante que tal vez no vuelva.

 “It makes you sound insecure”, me dice mi profesora de pronunciación. Lo primero que me enseñó es que la única forma de pronunciar bien el inglés es mostrando mucha confianza en mí misma. “Pero si no tengo”, le explico. “Fake it”, me ordena. “Fake it until you make it”, me dice, repitiendo una expresión típicamente estadounidense que lo resume todo.

Así, la clase de pronunciación se transforma en un taller de teatro. Tengo que llenar la panza de aire, sacar las palabras del abdomen, abrir mucho la boca y moverla exageradamente, rebotando la lengua de acá para allá. “It looks ridiculous”, pretendo decirle, pero lo que sale es algo así como “ic luc ridículuj”, lo cual me convence de que debo seguir adelante con la ridiculez. Luego me doy cuenta de que los gringos, en efecto, hablan así. Los ves charlando por teléfono en la calle y parece que estuvieran grabando una columna radial. Llenan todos los espacios con su voz, sin gritar, a pura fuerza de proyección. Esta gente nació para dar discursos, están tan familiarizados con la oratoria y el debate que no tienen ningún respeto por una hispana que encima suena dubitativa. O, peor, dulce.

Para colmo, mi acento venezolano no ayuda. “At least try to imitate the Uruguayan accent”. Ese fue un golpe bajo. La profesora tiene alumnos de todas partes del mundo y reconoce las diferencias. La entonación uruguaya, que es una curva ascendente, se parece más a la estadounidense. En cambio, los venezolanos bajamos el volumen al final de cada frase, como si antes de terminar de decir las cosas ya estuviéramos cambiando de idea. Y encima nos comemos las consonantes finales, costumbre que, trasladada al inglés, lo vuelve a uno ininteligible.

Como periodista es un problema, porque se supone que uno tiene que comunicar. “Nobody will answer a question to a journalist that sounds insecure”, me dice y le doy toda la razón. Porque la proyección, la autopromoción y la confianza están en las bases del ser estadounidense.

El principal problema es el prejuicio, que lo hay, digan lo que digan. La mitad de los inmigrantes que tiene California nacieron en Latinoamérica. No casualmente, es más o menos la misma población que les cuida los jardines, les arregla los techos, les limpia las casas, les estaciona los autos en los parkings. Gente con una inseguridad endémica. Por eso, cuando un gringo entabla conversación con alguien de evidente origen hispano, genera un inmediato sentimiento de superioridad o rechazo. En las series de televisión, los hispanos con acento hispano nunca tienen papeles que no sean de limpiadoras o jardineros, con tan pocas excepciones que puedo pensar sólo en dos. Esas cosas modelan pensamientos.

Cuando les digo que trabajo para la agencia francesa de noticias, me preguntan si soy francesa. He notado cambios de actitud muy sutiles si les aclaro que no, que soy venezolana. De golpe ya no les sueno como una romántica europea, sino como la mujer que les cuida los niños. Y así, el esfuerzo que estaban dispuestos a hacer para comunicarse con una periodista que creían que era francesa, se desvanece. Hacerse entender se vuelve entonces una cruzada diaria.

Hice los deberes y tuve un par de conversaciones totalmente fingidas para mí: abrí muchísimo la boca y dije las frases despacio, exagerando los movimientos. Como Doris, la novia del papá de Nemo, cuando se pone a hablar en ballenés. Como si me doliera la mandíbula, con un aparente convencimiento interno que me parecía de una vergonzosa ausencia de sentido del ridículo. Y funcionó. Me entendieron.

Al parecer, la dulzura, la venezolanidad y el sentido del ridículo no son aptos para la supervivencia.

La buena noticia es que la solución es muy simple: sólo tengo que cambiar los pilares que cimientan mi personalidad. Haberlo dicho antes. Sencillísimo. 

11 comentarios:

horas y horas de viajar dijo...

Simplemente grandioso
La base de la idiosincracia estadounidense tratando de arrastrar al resto de la humanidad resumida en una clara y simple frase: "Stop being sweet".

Lo peor de todo es que si uno lo mira desde los sonidos anglófonos, esto es una "sentence" y si uno lo pudiera traducir al spanglish, se correspondería divinamente con "sentencia".
Es que en realidad no es una frase, es claramente una sentencia.

Leila, Stop-being-sweet-únicamente-para-ellos-y-con-ellos.

Good luck and good night

Maria Lasprilla dijo...

Coincido con tu profesora. A mis estudiantes de español les digo que cuando hablamos otra lengua expresamos otro lado de nuestra personalidad (me entenderías más si vieras como de inexpresivos son los estonios).

Somos un poco diferentes al hablar otra lengua. Yo lo siento, en mí misma, cuando hablo en inglés y luego cuando hablo en estonio. Son como tres yo. Ya lo decía una frase "aprende una lengua, gánate un alma nueva". Y lo mismo le digo a mi marido cuando habla inglés.

No es que dejes de ser tú. No. Pero las lenguas no son meras palabras, son una combinación de elementos, incluidos los paralingüísticos (entonación, lenguaje corporal, etc) que si se le quitan, ya no es la misma lengua, en realidad.

Entiendo el esfuerzo que hay que hacer. No es fácil. Pero es parte de integrarse en una sociedad: aprender los códigos.

¡Suerte!

Anónimo dijo...

Hola Leila,, deje de seguirte, perdon, otras ocupaciones, otros blogs, mil cosas me quitaron de buscarte con desesperacion como lo hacia antes. Pero ahora, milagrosamente veo en Twitter que te fuiste pa los iunaites... wow! Que cambios y me los perdi ´por no buscarte mas seguido, bueno,, que Dios te bendiga y te de su paz... saludos // Efigenia Santos

Leila Macor dijo...

La verdad nunca me había puesto a pensar en lo expresivos o no que pueden ser los estonios...
Gracias por tu comentario, María. Como siempre, uno se siente menos solo mientras menos originales sean sus sensaciones. Besos.

gp dijo...

be sweet!... no le hagas caso a la acid teacher!

el charo dijo...

Y sí, hablar otro idioma es como participar en una obra de teatro. No importa cuán bien estudiado tengamos el papel, siempre resulta un poco actuado.

Ahora bien, ¿sabes imitar a los gringos en español? Si sí, pues es igualito en inglés (Poniendo especial atención a la posición de la lengua).

Cecilieaux dijo...

Hay algunos simplismos que se te perdonan por recién llegada.

Presentarte como si fueras lo que deseas ser funciona tanto en nuestro allá como este acá. La diferencia es que el yanqui expresa las reglas de juego abiertamente.

Lo dejar de ser dulce viene del feminismo de tercera ola, que es el vesre de hacerse la buenita con manejos maquiavélicos de tocador.

Y no me vas a decir, como colega en el periodismo, que un reportero mentecato saca la exclusiva en Venezuela, Uruguay o la China.

Y lo de la inseguridad endémica de los hispanos acá ¿estás segura que es por estar en Yanquilandia y no por descender en parte de aztecas, aymaras y querandíes que aprendieron a sobrevivir presentándose en la más sumisa humildad ante los todopoderosos españoles? A mi todavía me sorprende cuando uno de los nuestros que no sea del Cono Sur me dice "a sus órdenes," como si yo fuera un gran señor feudal. (¿Será que mi séquito delata mi posición?)

Comprendo y expresás muy bien el desasosiego del latinoamericano en estos pagos, de apariencia ruda y vaquera. Uno se refugia en la dulzura familiar añorada. Pero encontrarás dulzura estadounidense que te es tan familiar como aquella.

Y espero que nos cuentes entonces también. Tu blog es un tesoro.

(Perdón el borrón: vi ratas a las que no quería dar fe.)

Victor dijo...

LOL :-) Once again you did it. Thank you.
Es cierto, suenas sumamente dulce y sí puede que para tu trabajo necesites -en esas tierras- sonar mas firme o segura, pero no dejes que te normalicen a su modelo, nada bueno, ojalá hubieran mas "Dulces Leilas" contagiando su dulzura y su estupenda forma de contarnos el mundo a través de sus palabras. 200 Saludos desde tierras "yoruguas", los mejores deseos.

Leila Macor dijo...

Por supuesto que un reportero bajo perfil (no mentecato) consigue la exclusiva! El entrevistado baja la guardia no sabes hasta qué niveles cuando está delante de un reportero que no es agresivo, como requieren los preconceptos que sean los reporteros.

Anónimo dijo...

En fin... impresionante la frase "fake it..." Creo que es dulce que seas dulce.Bueno un poco de practica teatral puede ser divertida en ocasiones.

Gran abrazo.

Ajet1966@hotmail.com
(o ese Robot anaranjado que agregaste en facebook)

Ana E.T dijo...

Desde Montevideo, Uruguay: SOS UNA GENIA! me fascina tu forma de describirnos y de escribir!
Abrazos, Ana