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8/2/11

El Divino Efecto Placebo

En lugar de escribir una retahíla de excusas para justificar mis tres meses y pico de abandono de este blog, diré solamente: tengo tendinitis en una rodilla. Específicamente en un lugar con el gracioso nombre de poplíteo, que es el hueco posterior de la rodilla; donde dobla uno la pata, digamos, y ocasionalmente la estira. Qué tiene que ver una inflamación poplítea izquierda con actualizar un blog, se preguntará el lector. Pues nada. Ya lo verá.

Después de mi genial idea de ponerme a esquiar en agosto del año pasado en Chile, poseída por el maligno espíritu de una turista snob, mi rodilla no me ha perdonado las ínfulas de deportista. Y al cabo de estos casi siete meses de dolor, la única constatación que he podido hacer sobre la Vida y la Verdad, es: nunca te roban tanto como cuando más necesitas ayuda.

Como soy un bicho escéptico, alópata y cínico, por supuesto acudí a un traumatólogo y luego a una fisiatra, quien me envió dos semanas a fisioterapia. Comencé a sentir que me estaban jodiendo cuando insertaron mi pierna en un cilindro hueco y lo “encendieron” sin que yo notara ninguna diferencia respecto a su estado anterior, por lo que aquello para mí bien podía ser un rollo de papel higiénico gigante.

–¿Y esto qué hace?–. (Siempre cometo el error de preguntar).

–Esto te ordena las moléculas.

Ahora resulta que tengo las moléculas desordenadas.

–Yo habría jurado que si un día me ordenaban las moléculas al menos iba a sentir algo–, dije.

La verdad es que me ofendió mucho que me acusaran de tener mis moléculas en desorden.

–No, no, esto tiene un campo magnético que te las ordena nomás, no se siente.

–¿Pero te las ordena cómo?

–Así, te las pone en orden.

¿Y si en el proceso de ordenar mis moléculas libertinas, me trastornaba todas las que estaban en su lugar? ¿Cómo sabía el coso ese dónde iba cada una? Yo tenía demasiadas preguntas y el chico era apenas un operador sin la menor idea del principio científico del cilindro, cuyo funcionamiento era imposible constatar.

Me prescribieron otras dos semanas de fisioterapia con un aparato distinto pero igual de delirante. Tampoco sirvió. Estaba perdiendo un montón de tiempo y de dinero en meter la pata en máquinas imperceptibles. Mis amigas místico-fantásticas me insistieron entonces que probara terapias alternativas y terminé citando a un acupuntor a casa. Era un hombrecito bajo, rechoncho y bigotudo, como habría dibujado Quino a un corredor de seguros. Quiso saber cómo andaba yo espiritualmente.

–Decime con cuál de estos sentimientos te identificás más: ira, tristeza, miedo, preocupación, confusión.

–¿Puedo decir más de uno?

–Claro, claro.

–Bueno, ¿cómo fue que dijo?

–Ira, tristeza, miedo, preocupación, confusión.

–Vale. Todo eso.

Me miró con espanto. Estaba delante del tristísimo espécimen de una positivista desorientada y espiritualmente discapacitada. Decidió que me dolía la rodilla porque había perdido mi Centro y que su misión sería ayudarme a reencontrarme conmigo misma y mi propia Verdad Profunda. La tendinitis era sólo una manifestación exterior de mi malestar interno.

–Pero mire que en serio todo comenzó cuando me puse a esquiar en Chile–, le recordé.

Mi amiga Magdalena, que es brillante, me comentó luego que lo perverso de esta forma de “pensamiento” o como se lo quiera llamar, es que te hace sentir responsable de tus dolencias físicas. Es decir, ahora no sólo debía lidiar con mi inflamación poplítea izquierda, sino además tenía que soportar el sentimiento de culpa por haberme generado tal cosa de tanto descuidar mi vida espiritual.

Me puso una aguja en el centro de la cabeza a la que llamó “Antena” y luego una en cada muñeca.

–¿Y esas para qué son?

–Son para abrir las puertas del espíritu–, me dijo.

Yo en serio no debo preguntar ciertas cosas.

–…para que estés abierta a recibir el Chi.

Luego comenzó a explicarme algunas cosas sobre la medicina china, la cual respeto muchísimo, casi tanto como a la mitología griega. Quiero decir: entiendo que sea una terapia milenaria trascendental que ha dado sus resultados, pero no veo por qué muchos de quienes la practican se empeñan en mantenerla inmutable, sin evoluciones y exactamente como fue concebida hace miles de años. Todo bien con que los chinos sean unos sabios y todo eso, que meditan y tal, pero no podían ser tan genios hace 2.000 años.

El acupuntor me pinchó en otros puntos clave para ayudarme a hallar mi paz interior, entre ellos en La Divina Indiferencia Terrenal, un lugar cerca de los tobillos, y en la Obediencia al Mandato Divino, en la cara interna de los muslos.

Entretanto tuvimos largas charlas, porque durante la media hora que debía tener las agujas clavadas en todos mis Divinos Puntos, él se dedicaba a evangelizarme. En una de esas conversaciones, en la que me habló de dios, la energía vital y el yin-yang, me preguntó:

–¿Pero vos de verdad no creés en nada?

–No.

–¡Qué horrible! ¡Pobre!–, dijo, con muchísima lástima.

–Bueno, creo en la Ciencia.

Me sentí muy mal por haber degradado a la Ciencia a una mera cuestión de fe, que me perdone Carl Sagan, pero es que me vi en la necesidad de tranquilizarlo, de demostrarle que algo se movía dentro de mí, aunque fuera una sensación de reverencia ante la selección natural y el poder de las mutaciones.

Después de seis sesiones me sentía exactamente igual y tenía 2.400 pesos menos, así que lo envié a la Divina Puta que lo Parió.

El problema es que conmigo no funcionan las terapias que cuentan con el efecto placebo para funcionar. A mí denme una vaina química. Pero igual fui luego a un osteópata, al que estoy acudiendo todavía. Por el momento me ha hecho unos masajes maravillosos en el poplíteo que realmente me alivian, aunque el dolor vuelve uno o dos días después. Simultáneamente, me estoy metiendo un gotero en la boca cada media hora con una sustancia homeopática que al menos daño no me va a hacer; y llevo unas ridículas semillitas pegadas con cinta en las orejas, en un punto que se llama “Mar de la Tranquilidad”. Se supone que me alivian el estrés, lo cual no tiene nada que ver con mi tendinitis, pero entre ellos son alternativos y se entienden.

Me dijeron que de vez en cuando presione con los dedos las diminutas semillas para que se me active el Mar de la Tranquilidad, como si tuviera en las orejas un par de interruptores ansiolíticos de emergencia. Lo hago, total, estoy entregada a todo. Ahora ando por la calle cojeando igual que antes, pero además tomando constantemente de una botellita como una adicta y presionándome los lóbulos de las orejas con ambas manos como una demente que está intentando comunicarse con los extraterrestres.

–¿Y si probás con terapia de abejas?–, me preguntó hoy mi amiga Florencia. –Te inyectan el veneno de las abejas y parece que te hace re bien.

Me quedé mirándola. Veneno de abejas. Ajá.

–A mi abuelito le funcionó…–, insistió.

Sentí que mis mares de las tranquilidades enrojecían de furia.

–Bueno, ¡por lo menos entonces escribilo! 

27 comentarios:

karo e.j dijo...

Buenísimo!
y eso de "enviarlo a la Divina Puta que lo parió" me ha hecho el día!... dicho sea de paso, tengo un amigo que graduó hace un par de años de una escuela de medicina alopata y homeópata, el punto es que le pregunté que que hay de cierto o más bien, que escoden los homeópatas y despues de un largo interrogatorio terminó diciendo que lo que más funciona con la homeopatia es el lavado de cerebro... supongo que tus moléculas son resitentes a eso...
y te apoyo con eso de "moleculas desornadas" suena bastante agresivo xD
saludos y que te repongas pronto

George dijo...

a mi me duele la espalda, pero mejor lo dejo ahí nomas...

Edwelt dijo...

Mencantó !!!

Catalina dijo...

Desde el mar de mi tanquilidad, Leila lamento el malestar que estas sintiendo en eso de los tendones y musculos, combinados con tropezones, tirones, resbalones y demás uno termina resintiendo por meses los estragos de unos minutos de diversión, espero que lo hayas disfrutado por lo menos, no le queda a uno más que paciencia, quiza el escribir te sirba de efecto placebo, dicen que gritar majadería y media te quita el dolor, sera porque te distrae, pero también puedes tintentarlo, si no sólo escribe y maldice seguro durante esos momentos olvidarás el dolor, al fin ya estas probando de todo, que te mejores y si no... pues que los remedios que estas utilizando no empeoren tu mal.

Pos yo dijo...

Qué gusto volver a leerle

Debo confensar que a mi gusto, el spa de la mejor mujer es, irónicamente, el peor post que le he leido. Lo siento. Celebro su regreso. Este me encantó. También pudo llamarse "mejor no tanta cuña, po"

Odiseo en Puebla dijo...

Ya se te extrañaba, no solamente por el delicioso humor negro con el que escribes, sino porque lo ocupas hablando de cosas que ocurren en todas partes.

Tú citaste a Sagan, y por ende debo recurrir a él (y a Jostein Gaarder): recuerda que estamos en una época extraña, en la que vivimos de la ciencia y buscamos una alternativa esotérica que mezcle "lo arcano" (que a veces tiene como veinte años de inventado) con los beneficios de la ciencia. Y, curiosamente, todos buscan como justificación una "fuerza suprema" que puede llamársele Dios, chi, etc. Con todo esto, mejor rezémosle a San Niels Bohr (o ya de perdida al nigromante de Heisenber) para que esas moléculas se coloquen en el orden correcto.

Saludos desde Puebla, donde se requiere muchísimo humor negro.

itzel monserrat dijo...

También tenía semanas de no entrar al blog, y qué agradable regreso. Tengo un amigo ortopedista y él me dice "¿vas con el que sabe o con el que soba?". Tal parece que tu fuiste con el que te "sobó" o te sobaron (en México a veces a veces usamos sobar como sinónimo de fregar o joder).
Yo también me hubiera encabronado ¿¡cómo que las células desordenadas, si no´más te torciste una pata!?
La Divina Puta que lo parió... Cómo me hizo reir

manolin dijo...

el comentario anterior lo escribí yo ,Manuel G, y no mi hija, que tiene la mala costumbre de dejar abierta su cuenta

Leila Macor dijo...

... yo me preocuparía cuando empiece a recordar cerrar su cuenta.

Pardaflora dijo...

Ay, cuánto hace que no me masajean el poplíteo!!!

gustavomendoza dijo...

Hola Leila. Feliz año feliz todo lo que se pueda. Siempre me río con tus pequeñas tragedias. Lamento no puedas "estirar la pata" sin dolor como deseas. Imagino falta de fe y el no haber tratado con otros "métodos naturales" como el ensalmamiento y el exorcismo. Personalmente te recomiendo que en luna llena a media noche con tu mano izquierda apretes con fuerza una pepa e zamuro y con tu mano derecha untada con Sabila, con mucha pasión te sobes la pata desde la zona de dolor hasta el alto muslo cuidando no sobrepasar el ombligo u otras zonas erogenas y con vehemencia le hables a tu pata y le digas aló pata, hola pata. Abre tu corazón, habla con ella , escribele, dale cariño  Quizá la alopatía te funcione esta vez y quien sabe te vuelva la musa y hasta escribas un libro "conversaciones con mi pata" o tengas un programa de radio "Alo pata". Saludos y disculpa que haga bromas con tu dolor. Te imagino en dos semanas caminando derechito...
Acabo de leer un post tuyo viejo acerca de la película de Wim Wenders una de mis preferidas, y me encanto la sinopsis que haces y la profundidad y el estilo que tienes como escritora. Me gusto mucho 

Franco (fvidiella.com) dijo...

Viendo los avances tecnológicos de los últimos 50 años, da un poco de risa escuchar a quién usa como argumento que determinada técnica tiene mil.

Es como que me digan: dejá ese celular, que hace mil años nos comunicábamos por señales de humo y andaba bárbaro.

Arriba los fármacos!

Nirazid dijo...

Hola! Me he reido bastante, aunque todo se haya originado de algo tan desagradable como tu dolor. Realmente extrañaba visitar el blog, cosa que el otro día comentaba con mi hermana, a quien algunas veces le imprimo tus textos y se los envío a su casa para que mate el estrés un rato. Pero bueno, te entiendo, aunque no tenga un malestar corporal como el tuyo, en mi familia siempre alguien tiene alguno parecido :(
Aunque seguro que a mi también me "diagnosticarían" una grave enfermedad espiritual que las agujas de la acupuntura ni las de tejer solucionarían. Tal vez espíritu y cuerpo se alíen para mostrarnos alguna dolencia, pero no creo que siempre sea esa la causa. Espero des con alguien que te ayude a aliviarte y no tengas que llegar a recurrir a los insectos para aliviarte, y en caso tal que te animes a probarlo, mosca no vayas a ser alérgica al veneno de ellos y termines peor. Que la Ciencia te bendiga y te salve de los charlatanes.

Anónimo dijo...

Buenas...deberia tal vez hacer un pequeño relato acerca de como llegué hasta aqui. Básicamente recibí,como regalo de cumple un dvd de una pelicula que no me despertaba mayor simpatia,asi que decidí cambiarlo.

Claro...las decisiones rapidas no son lo mio,asi que tras casi dos horas de deambular cual espectro lector entre las estanterias y justo luego de haber despertado cierta inquietud en las empleadas de dicho local,me encontré con "Nosotros los impostores"

El título me llamó la atención y me hizo imaginar un libro de denuncia acerca de la corrupción politica o en una especie de manual de autoayuda.

Lo abri,solo por curiosidad,lei dos o tres parrafos y me dibujo una sonrisa en mi cara de (a juzgar por la frecuencia del paso de empleadas cerca mio) terrorista buscado por el FBI.

Corri unas hojas más y ahora lo que lei fortuitamente,me pareció cierto,real,honesto.Vi la contratapa y pensé "linda chica"

Una última ojeada y la autora mencionaba a mi tocayo Dolina,eso fue algo parecido al tercer milagro que uno necesita para recibirse de santo, ese libro era el elegido.

Me fui del local y me pareció oir un suspiro colectivo de alivio de los empleados de la libreria,pero seguramente solo fueron ideas mias.

Cuando comenzé a leerlo en el omnibus,tratando de evadirme mentalmente de dos pésimos y deprimentes cantantes,cuyo improvisado escenario estaba justo al lado de mi asiento.

La autora comenzó a caerme simpatica,a parecerme,inteligente,profunda y graciosa,incluso noté que,como ella misma menciona,definitivamente tiene lindos ojos.

Cuando llegué a mi casa continue leyendo y por la mitad de libro,ya estaba enamorado de la autora.

En fin...cosas que pasan en esta mundo de hoy,supongo.

Asi que aqui estoy felicitandote por tu trabajo y agradeciendote por este encantador librito.

Que te mejores pronto.

Saludos de tu nuevo fan

Alejandro
ajet1966@hotmail.com

Gibris dijo...

me encanta tu sentido del humor, seguro es lo último que perderás, te admiro mucho maniwis!!

Cloto dijo...

¡¡Magnífico!! He disfrutado más que con el pasaje del 'prurito' en la película 'Caro diario'. Por favor, sigue dándonos placer. ;-)

Anónimo dijo...

Queremos una entrada nueva, por favor

Anónimo dijo...

Muy original la manera de describir tu infortunio. No quería sonreír, porque hacerlo desde tu sufrimiento no es bueno,... pero eres la culpable de ello...
Me alegro hayan descubierto que es un quistecito, y pronto lo expulsarán de tu cuerpo. Así que fuerza y ánimo para los momentos que vienen de recuperación post operatoria!!.

Leila Macor dijo...

Gracias, gente, sí, en efecto estudios posteriores dieron cuenta de un hermoso quiste de 8 mm en la articulación, que demuestra principalmente que no estoy loca. Ya veremos qué se hace. Gracias a todos (Alejandro, te escribo aparte) por su apoyo! Saludos

Jonathan Bermúdez Carvajal dijo...

Como siempre, genial.
Otra prueba de que hay que quedarse con la ciencia y desechar las pseudociencias que solo socavan nuestro bolsillo.
Espero que te mejores pronto.

Anónimo dijo...

descacharrante!

Victor dijo...

Hola! Bueno, no imagino en qué situación estás ahora, en qué etapa de tus dolencias te encuentras. De todas formas, espero que estés bien, bien de bien. Me encantó lo que has escrito, y eso abarca todo, tus libros y tu blog.
Pude escuchar tu voz en una entrevista en la que sinceramente no me explicaba cómo los "entrevistadores" desperdiciaron la oportunidad de permitirte decir algo, diálogos de sordos. Estoy contento de haber dado con tus escritos, espero no recuperarme jamás de la adicción que has generado en mi. Grande Leila!!!

Victor dijo...

Hola! Bueno, no imagino en qué situación estás ahora, en qué etapa de tus dolencias te encuentras. De todas formas, espero que estés bien, bien de bien. Me encantó lo que has escrito, y eso abarca todo, tus libros y tu blog.
Pude escuchar tu voz en una entrevista en la que sinceramente no me explicaba cómo los "entrevistadores" desperdiciaron la oportunidad de permitirte decir algo, diálogos de sordos. Estoy contento de haber dado con tus escritos, espero no recuperarme jamás de la adicción que has generado en mi. Grande Leila!!!

Anónimo dijo...

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Capitán dijo...

Sácome el sombrero.. Excelente crónica de una dolencia. :D
Arácnidos saludos.

Anónimo dijo...

Haganos felices, Leila, necesitamos nuevas entradas

David dijo...

Me importa conocer cuestiones farmacológicas y de esta manera trato de conocer y entender como es el tema del efecto de distintos componentes. Me gustaría poder obtener pasajes en pesos para otro país y conocer como es la industria farmacológica del lugar