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3/9/10

Chile mínimo en cuatro tiempos

Harta cuña, po

En pendientes imperceptibles a los ojos, pero que mi cuerpo y su aguzado instinto de supervivencia percibían muy bien, los esquís se deslizaban como sobre aguacates*. Extraña metáfora, ya sé. Es que no conocía la nieve y lo más resbaloso que yo había conocido hasta entonces eran los aguacates. Después de los días uno y dos, ya había aprendido a frenar con bastante efectividad aunque sin un atisbo de elegancia, de lo cual dan fe mis adoloridas rodillas. Vamos, es imposible que esa postura se vea refinada en ninguna circunstancia. Hay que abrir las piernas de modo que las puntas delanteras de los esquís casi se toquen: es la posición de “cuña”. Luego me enseñaron a hacer giros, también en forma de cuña y en la misma inelegante postura. Y así, torpe y chueca, luché por mi vida. Nada de esquiar aún. Todo consistía en bajar frenando y poder contarlo.