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27/6/10

El hedonismo en Tres Cosas

Tengo ganas de hacer una disertación sobre el hedonismo y de cómo los embates de la sensatez se empeñan en desinflarlo con su implacable cordura. (El hedonismo es como un hermanito menor de la sensatez, voluntarioso pero caprichoso, que tiene que quedarse castigado en el cuartito, pataleando hasta que se le pase el berrinche). Pero no voy a hacer ninguna disertación. Solamente diré Tres Cosas:

Cosa 1: “Yo siempre digo que lo mejor que uno ha hecho en la vida es lo que la policía tiene registrado de sí, que el currículum perfecto es tu ficha policial”, escribe el español Enrique Vila Matas en su Dietario voluble, citando a Jorge Carrión. 


Lo que más me gusta de esta cita es que dice: “…lo mejor que uno ha hecho en la vida…”. O sea, “lo mejor”. A la postre, lo más recordable es el Error. La Desafinación. El Ruido. Lo único que merece la atención de la memoria es la grieta en una carretera de bienestar continuo. Los recuerdos más terribles, pero también los más entrañables, están asociados a las perturbaciones.

Cosa 2: Ayer le contaba a mi amiga Ana que mi mamá dice que cuando yo era chica, y me preguntaban qué quería ser cuando fuera grande, yo siempre respondía: “No quiero ser grande”. Ana dice que, aunque lo logré en parte, igual puedo hacer el papel de Grande de vez en cuando. Aunque es un papel. Porque cuando uno no ha dejado de ser un niño, lo que da sentido al mundo es la supervivencia de la travesura.

Cosa 3: Hace 16 años, cuando mi ex marido y yo nos casamos, nos regalaron un juego de cubiertos precioso, “de diseño” (lo que sea que eso signifique), que nos iba a durar Toda La Vida. Yo estaba muy feliz con mis cubiertos caros y lindos. En casa todo era nuevo, hasta la pared detrás de la nevera estaba limpia. Y todo relucía hasta que Lucía decidió ayudarme a cocinar, apoyó uno de los tenedores sobre la hornilla caliente y lo derritió. Lucía casi lloró pidiéndonos disculpas. La tranquilizamos, pero yo igual estaba muy enfadada. ¿Es tan difícil tener el sentido común de no apoyar una vaina de plástico en una vaina caliente?, me decía.

Luego me vine a vivir a Montevideo, Lucía se fue a vivir a Barcelona y la distancia ha hecho su demoledor trabajo. Pero yo sigo usando ese tenedor deforme, incómodo, con ese molesto hueco en el mango. Porque cada vez que lo veo me acuerdo de ella. Y la amo, amo el tenedor y amo el día en que lo quemó. Y si tuviera que deshacerme de algo, tiraría todo menos ese tenedor arruinado, que tras tantos años de distancia es una de las pocas cosas tangibles que me quedan de Lucía. 

La mutación es lo único que permanece. Eso es el hedonismo. Una sobresaltada búsqueda de la permanencia. 

15 comentarios:

mundoantonio dijo...

....y ese tenedor se convertirá en icono familiar. Yo tengo un caldero de mi abuela que ha pasado de generación en generación. El caldero está cerca de los 150 años.

Anónimo dijo...

Es una delicia leer tus reflexiones, siempre tan inteligentes, sensibles y llenas del mejor humor. A eso le llamo gusto por la vida y la escritura, que en tu caso son ya una y la misma cosa.
Jorge, desde México

Leila Macor dijo...

Gracias, Jorge

La pelúa dijo...

hay vida en este planeta

Leila Macor dijo...

Sweetie, por ahí debe andar algún bicho vivo, lo sabemos

Cecilieaux dijo...

Lindísimo.

A-nah! dijo...

Clap clap clap... tengo mucho sueño para decir algo astuto y muy pocas neuronas para acotar algo inteligente, así que acudo a los aplausitos por la imagen del tenedor que me arrugó el corazoncito.

Alicia dijo...

Por estas tierras hay un diseñador que proclamaba que la arruga es bella... y es verdad que nos recordarán por lo raro y diferente, por nuestros errores y nuestros pecados. ¡Me ha gustado mucho!

Yass Fuentes dijo...

Los malos recuerdos son alacranes que se introducen, silenciosos, bajo las sábanas. Y pican. Vaya si pican.

Ya luego, cuando nos curamos, aquel recuerdo se archiva.

Luego el tiempo hace su juego. Un papel que desempeña a la perfección. En algunos casos recordamos la mofa, en otros, melancolía.

Gracias por tus disertaciones.

Rubén Prado dijo...

Gracias, por tus lecciones de escritura. Algún día, espero, escribire como tú, en perfecto, fluido y delicioso español.

¡мэиğаиα! dijo...

Sólo diré: EXCELENTE tu blog!!!!

Genial la recomendación de Itsvan

Leila Macor dijo...

Gracias! Amamos a Itsvan

Anónimo dijo...

Ganas de mandarte un beso.

Gracias por decirlo así. Gracias por sentirlo.

José M., desde España.

Anónimo dijo...

Tenes razon, para que ser grande, no quiero ser grande, nunca quise y eventualmente llego el momento.Todo es mas complicado, se espera mas de uno, se debe ser mas responsable.

Las distancias duelen, muchos amigos he perdido por la distancia.

Meduza dijo...

Es la primera vez que te leo Leila y debo decirte que me encanta tu narrativa. Siento que me llevas de la mano con suavidad y firmeza por tus relatos, conceptos, creatividad, y me agrada.
Para mí la vida es un permanente juego de contrarios. El dolor es parte activa de ella y cuanto más nos toca padecerlo más desarrollamos la capacidad de ser felices. Muy contario a lo planteado por la doctrina hedonista que identifica el bien con el placer y propugna evitar todo dolor.
Como dice nuestro querido poeta M. Benedetti en su poema Defensa de la Alegria:"... defender la alegría de la obligación de estar alegres..."
Tu tenedor me recordó la cuchara de madera que cuando me casé por primera vez, mi madre me dió diciéndome que no podía faltarme y que además había sido de mi abuela. O sea que hace más de cien años que viene revolviendo, ja!. En Uruguay, mi país, en España donde viví 5 años, y ahora nuevamente en Uruguay donde felizmente resido. Te imaginarás en el estado que está. Bueno, normal para sus años, pero merecía este homenaje.
Un gusto conocerte.