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28/10/09

Revisitar el recuerdo

Lo tomo con las dos manos, como una copa que se desborda. Que no se rompa, que no se altere, que no se agite, no se marchite ni se tiña de amarillo. Lo coloco con cuidado, lentamente, sobre un almohadón; lo rodeo de algodones para protegerlo y lo guardo en una cajita donde pueda verlo siempre. Intacto, a salvo del polvo, del tiempo, del olvido que lo desdibuja. Lo visito cada minuto para proyectarlo ante mis ojos y vivirlo de nuevo y asegurarme de que se conserve ahí, de que basta abrir la tapa para saborearlo y sonreír con esa caricia minúscula que es lo único que me dieron y que atesoro. Esa caricia mínima en un centímetro de piel. Un día me distraigo y lo desatiendo, miro afuera y parece que hay vida en este planeta, que puedo abandonarlo y dejarlo que me abandone. Hasta que lo revisito y todo se esfuma otra vez; y otra vez no hay nada. Sólo ese recuerdo inservible que me mira mirándolo, desde su cajita, y se ríe de mí y del esmero que pongo en que me siga lastimando.

16/10/09

Cómo escribir literatura en 10 simples pasos

No es que uno quiera comprar una revista literaria, vaya a una librería, vea tres y elija la que no tenga a Proust en la portada. No es tan fácil. Si uno inexplicablemente sufre un deseo similar en Estados Unidos, es asaltado por una legión de revistas literarias que ocupan decenas de anaqueles en la sección “Literatura” del área “Revistas” de cualquier Librería X. Fue así como terminé sitiada por decenas de revistas literarias light que vanidosamente descarté y ahora me arrepiento de no haber comprado. Era una cohorte de ediciones de medio pelo para escritores inseguros, con artículos instructivos cuyos títulos comenzaban todos con un “How to”. Como las revistas Mecánica Popular que explican cómo armar una mesa en cinco simples pasos, así éstas enseñaban a construir un relato con sinécdoques, hipérboles, pleonasmos y metáforas. Poco texto, muchos gráficos y miles de tips para convertirse en un escritor prolífico, exitoso y feliz.


2/10/09

No morí en Nueva York

Según una encuesta de la Universidad de Pittsburgh, del total de decisiones que tomo al día, 86% son un error. Pequeños o graves errores que se suceden constantes, puntuales, irrevocables, como hits de Madonna. No es fácil vivir aquí adentro, ser la eterna víctima de mí misma. Uno de mis errores más recientes fue haber planificado, dentro de mis vacaciones, pasar sólo tres días en Nueva York. Sólo. Como si Nueva York fuera Las Vegas, donde luego de ver veinte hoteles esquizofrénicos, emborracharte y pasar la noche haciendo estupideces, te morirías del aburrimiento. Como si fuera Praga o Florencia, donde tras visitar mil museos, iglesias y cementerios ya no tendrías nada que hacer.

Además, aparte, crecí con esa creencia sin fundamento, muy New Age, de que si uno quiere algo mucho-mucho, pasa. ¡Haz que suceda! Mente positiva. Bah. Hago fuerza, frunzo el ceño, “piensa positivo”, pienso. Y nada, la magia no se da. El día en que toda esa energía positiva surta efecto y pase todo lo que quiero que pase, lo más probable es que me arrepienta del desastre universal que habré creado.