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29/5/09

Regalo para voyeurs

Hace un par de semanas mi amigo Jaime Senra, venezolano, sociólogo y escritor a tiempo completo, escribió en su blog Crónicas de Nueva Zelanda un post demasiado divertido como para no hacerlo circular en toda la blogosfera. Les pido que lo lean antes de seguir con la lectura de éste, porque yo aquí me subo al tren de Jaime para postear una continuación. Su texto se titula "Dietas" y es imperdible.

Cuenta Jaime que desde que comenzó a escribir el blog cayó en la adicción de revisar cada cinco minutos sus estadísticas, controlar cómo aumentan, quién lo visita, desde qué países, cuánto tiempo. A todos los blogueros nos debe pasar lo mismo. Y a él, como a mí, le fascinó una función de Statcounter, el contador que usamos, que muestra las palabras-clave o frases que la gente escribió en los buscadores para llegar hasta el blog, a través de asociaciones muy extrañas y muchas veces incomprensible.


22/5/09

Las promesas condicionadas

Como todo el mundo sabe, el derecho italiano se deriva del derecho romano y de los códigos de Justiniano, y ambos influyeron en la mayoría de las reglas jurídicas occidentales. Pues bien, una de sus normas habla del “estado de necesidad” que, cuando existe, anula la promesa de una prestación exagerada.

En castellano, eso quiere decir que si por ejemplo un marinero le salva la vida a un náufrago luego de que éste, a punto de ahogarse, le prometiera una recompensa desproporcionada a cambio (“te doy mi casa, mi esposa, un millón de dólares, mi perro, pero sácame del agua”), entonces se considera que la promesa fue hecha en “estado de necesidad” y por lo tanto no cuenta.


15/5/09

Un año para qué

La semana pasada Escribir para qué cumplió un año. El 4 de mayo. Me olvidé por completo, como era de esperarse. Es la prueba de que cuando olvido un cumpleaños no es por desamor, sino porque la retórica de las efemérides, los onomásticos, los homenajes y los aniversarios no es compatible con un desmemoriado. Pero este primer cumpleaños, ahora que lo recuerdo, coincidió con un acontecimiento simpático: en esos días fui a la Universidad de Montevideo, donde el español Luis Melgar, profesor de la Facultad de Comunicación, tuvo la irracional idea de invitarme a hablar con sus alumnos sobre “el proceso creador” y la blogosfera. Hablé de la censura imposible de Yoani Sánchez y de la transferencia del texto virtual a la publicación en papel de Hernán Casciari. Los alumnos del curso de “Comunicación Escrita V” por suerte eran pocos, según me había ya advertido Melgar. “Es una materia electiva”, había dicho para tranquilizarme ante su tenebrosa propuesta de someterme a la burla masiva de postadolescentes que –lo sé bien, estuve ahí– no perdonan un zapato feo, una muletilla, un comentario estúpido, un acento venezolano (¡como la Fulop!). “Pero éstos son buenos”, insistió Melgar. (Efectivamente, fueron indulgentes conmigo). Fue así como al cabo de un año escribiendo tonterías, me encontré justificando esas tonterías ante un grupo de universitarios, con una pose de conocedora cuya falsedad espero que todos hayan notado. Un par de días después de la clase, ocho de los estudiantes me hicieron llegar sus “prácticas”. Eran textos que buscaban seguir el estilo de Escribir para qué, redactados a pedido del profesor. Copio aquí, agradecida con los chicos y como regalo de cumpleaños para este blog, fragmentos de esos trabajos:



Mirada y sonrisa cómplice entre mi hermana Rosina y yo es sinónimo de que mamá se dispone a contar la anécdota otra vez. Si en el instante en que lo advertimos hubiera alguien cerca con una cámara de fotos sería ideal captar la imagen. Nombrar a la madre de Fernanda en casa es pasaporte directo para llevarte la historia de regalo.
–¿Te acordás de lo que pasó con los Yummy Yummy?
–Sí mamá.
(No importa la respuesta, ella continúa con el diálogo porque disfruta al relatarlo)
(…)
Siempre que recuerdo ese pedido de Alicia afirmo mi teoría de que el día que tenga un hijo le voy a permitir comer todos los dulces y cosas ricas que desee. Y no sólo voy a ir con él a comprarlas, sino que planeo elegir varias para mí e inculcarles el gusto por el Yummy. Mi postura se reafirma cada vez que entro a un kiosko con Fernanda y pide Yummy, pero de los otros, unos que a la mayoría no le gustan, y sólo ella los llama aritos ácidos."
(Mariel Varela)



Y digo yo que ¿no estarás mejor en casa calentita?, es la respuesta siempre recurrida por mi abuela cuando le digo que me voy a cualquier sitio. Da igual el destino, ya sea a trabajar a Ibiza, de vacaciones a Marruecos, de beca a Sudamérica o a desconectar un fin de semana a una casa rural en un pueblecito de Toledo. La respuesta de mi entrañable Yaya siempre es la misma.
(…)
Si para alguien nacido en los ochenta o noventa resulta vertiginoso de analizar esta era de prisas imagínense para nuestros mayores. Nuestros abuelos eran de los que se arreglaban cuando veían las noticias porque pensaban que el presentador los estaba viendo desde el otro lado del cristal. No es tan disparatado. De pequeño ¿quién no se ha preguntado cómo diablos podías escuchar la voz de tu cantante favorito con el simple gesto de meter el casete en la mini cadena?
Como diría mi abuela: ponte muda limpia que nunca sabes con lo que te puedes encontrar."
(Marta Molero Lázaro)



Fue un segundo, pesado, con sudor, en el que, carente de toda lógica, los códigos de etiqueta me abandonaron. Entre la duda de no hacer nada, dar la mano, abrazarlos o presentarme oralmente termine dándole un beso en el cachete al primero en fila. ¡Eso ni siquiera estaba entre las opciones! Quedé congelada ante tal gesto mientras automáticamente los todopoderosos se acercaban para que les depositara su beso a medida que iban entrando. (…)
Propondría la creación de un manual para el saludo cordial y efectivo, en el cual se den pautas concretas y fiables para seguir ante el atropello del rápido momento del saludo, cuando uno no sabe si estirar el cuello o largar la mano. Así lograríamos evitar las situaciones dudosas, en las que uno va directo al beso pero el otro va directo a la mano. Allí el primero queda descolocado y colorado por lo general, mientas el segundo redirige su saludo acorde a la nueva situación."
(Manuela Varela)



Al parecer suena tan bien que puede ser un piropo –o, con suerte, el boleto de entrada a una relación furibunda–. Y es un problema pasar de tonto frente a uno que te considera posmoderno. Así que cuando te digan posmoderno piensa primero en los modernos, aquellos ilustrados que defendían sus verdades con argumentos por más sacados que sean (…) Luego de haber entendido lo grandiosos que eran los modernos, pregúntate ¿qué viene después? Ya lo tienes. La posmodernidad. (…)
Y aunque no todos lo entienden, es una ofensa severa, digna de un jab derecho con mordida de oreja si se pudiera, ya que a lo que hace referencia, por decirlo de modo resumido, es a lo idiota, indiferente, pasional, frívolo o interesado que eres.
De todos modos no hay mucho de qué preocuparse, de vez en cuando está bien que te digan tierno."
(Santiago Gómez)



Hay cinco tipos de persona en Uruguay: la Galpón, el Solís, los Circulares, los MovieCenters o los que no gustan de las artes escénicas, mejor conocidas como teatro.
Una Galpón es la típica jubilada que nunca en su vida supo algo de teatro, pero como tiene entradas gratis, va todo los domingos cual si fuera una misa. Una Galpón nunca va sola, ni con su marido, va con muchas otras Galpones que aman como ella el aire popular del Teatro El Galpón."
(Virginia Méndez, ver el texto completo aquí.)



Me preguntaron si traía reserva y me resultó insólito. ¿Que tanta gente hay en Pueblo Edén como para llenar este lugar? (adentro de la casa hay muchas mesas más). Pero así funcionaba y las plazas estaban llenas. De todas formas, muy simpáticos me invitaron a quedarme. Dijeron que pusiera una mesa donde quisiera y me sentara. Tenía hambre y me arrepentí de haberme sentado en un lugar que apuntaba, desde su entrada, “comida lenta”. Pero ya estaba jugada. Lo tomé con calma y me senté a esperar. (…)
Es cierto: en los últimos años hubo un auge por lo natural y lo ecológico. Y mi paseo, bueno, ya no es tan exótico."
(Laura da Trindade)



Nosotros, los uruguayos, si hay algo que sabemos hacer es opinar. No interesa la materia que se esté discutiendo, tampoco la disciplina que se esté tratando y, mucho menos, la situación en la que esté enmarcada. De todo sabemos como para tener una opinión formada al respecto. De todas formas, hay algunos temas que son recurrentes en la opinología uruguaya: fútbol, política, publicidad y, últimamente, cine. (…)
Siempre hay opiniones para todos los gustos, lo que sí está claro es que, nosotros, los uruguayos, a diferencia de otras nacionalidades, sabemos de todo."
(Diego Román)



Después de días y días de investigación, me di cuenta de que Uruguay es el país de las Cinco Veces. Para lo que sea que uno se proponga y que sea medianamente importante, se necesitan cinco oportunidades para que salga por lo menos “algo” bien. (…)
Muchos se podrán preguntar qué pasó hoy. La verdad es que todavía nada, todo parece muy tranquilo y hasta excesivamente bueno, pero no va a quedar así. Porque lo único que me falta es que las Cinco Veces contradigan a la autora de la teoría y sea la excepción a la regla. Recién el viernes puede llegar la paz."
(Gabriela Cortizas)

8/5/09

Mi discapacidad matemática

Todo es culpa de la improductiva rebeldía juvenil. Más o menos a los 15 años ya sabía que quería estudiar literatura cuando fuera grande y, con la insensatez maniquea de la adolescencia, resolví que no necesitaría las matemáticas en mi vida. Fui categórica como todo adolescente, dogmática, irreversible. ¿De qué carajo me iban a servir a mí las fracciones, las vanidosas potencias y las groseras raíces cuadradas si yo estudiaría Letras? De nada. Clarito se lo dije a Lissette, una de mis mejores amigas de entonces. Ella era más pragmática, trató de convencerme de que las matemáticas no eran un capricho del pénsum escolar, pero al final aceptó dejarse copiar en todos nuestros exámenes de cuarto y quinto año.


1/5/09

El presidente humorista*

Semanalmente el presidente venezolano da rienda suelta a su fluir psíquico, para fascinación de su público revolucionario y exasperación de los periodistas que deben escarbar una noticia oculta entre una anécdota de la abuela y la receta de la sopa de calamares de ayer. Y un video que ya ha dado mil vueltas en la web registra el programa en el que, en medio de su pertinaz verborrea, Hugo Chávez recuerda el día aquel en que tenía que inaugurar un túnel, pero “andaba con un cólico”. El errático discurso político del jefe de Estado se detiene y comienza la perfecta narración de una historia personal. Tenía retorcijones, sudaba frío y necesitaba ir al baño urgentemente, pero la prensa, los pobladores del lugar, los funcionarios de gobierno y la propia solemnidad del acto le impedían correr al baño apretando las nalgas como hubiera querido. Cuenta cómo caminó “apretadito” hasta que logró deshacerse de la prensa subiéndose a un autobús que recorrió el túnel hasta el final. Uno de los momentos más hilarantes es cuando el presidente narra su llegada al otro extremo, donde en lugar de encontrar la soledad que ansiaba se topó con una multitud de obreros que lo ovacionaban “¡Chávez! ¡Chávez! ¡Chávez!”. “¡Ay Dios mío, ten piedad de mí!”, exclama el presidente, que parece un profesional del “stand up comedy”: estupenda administración del suspenso a través de nudos discursivos, gran histrionismo y sobre todo un impecable manejo del humor popular. Yo en particular ya reía abiertamente cuando cuatro perros furiosos salen a atacarlo en su corrida al baño y los obreros deben amarrarlos para que su dirigente pueda deponer en paz. Chávez habría sido un excelente humorista. Qué lástima que le dio por otro lado. Qué desperdicio de talento.

* Este texto fue publicado inicialmente en mi ex blog de Observa.com.uy