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13/2/09

La incontinencia de signos

No sé en qué momento exacto en la historia de la escritura las mayúsculas se transformaron en alaridos, pero el fenómeno es real: a partir de algún punto en los años 90 comenzamos a interpretar como gritos los mensajes escritos todos en mayúsculas. (Ni hablar de la opinión que nos queda del maleducado y vocinglero remitente). Además hemos pasado del apergaminado estilo de la correspondencia de antaño a la coloquialidad extrema de los chats, emails y mensajes de texto, que aparecen llenos de caritas :), risitas (ja ja) y besitos (muack! chuick!).


6/2/09

La infidelidad forzosa

Uno presupone que alguien actuará de una manera y actúa de otra. Tal vez no tanto por culpa del otro, sino por la eterna insaciabilidad de la naturaleza humana, que nos hace generarnos expectativas que nunca alcanzaremos. Como dijo Kant andá a saber dónde: “Demos a una persona todo lo que desee y en ese mismo momento sentirá que este todo no es todo”.

La fidelidad, por ejemplo, debe ser el caso más reincidente de expectativas frustradas: cuando alguien le pide fidelidad a su pareja, parece condenarla a mentirle en algún momento en el futuro. Qué sencillas serían las cosas si en cambio se pudiera inaugurar una relación diciendo: “Te seré infiel de vez en cuando, pero apenas deje de quererte, te lo haré saber”. Se evitaría así la mentira, que es lo más molesto de todo el asunto, tanto para el desleal como para el deslealtado. Pero parece imposible llegar a este arreglo. El resultado es un ejército de infieles que se esconden unos de otros, todos abrumados por la culpa y sintiéndose tan solos en el mundo como un insomne.