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22/12/09

Los viejitos tecnológicos*

Iba en el 142 hacia Plaza Independencia, cuando una mujer de unos setenta años sacó de su vetusta cartera un Sony Ericsson y se largó a charlar. Después de despedirse, miró el teléfono y se preguntó en voz alta:

—¿Y ahora? ¿Cómo apago esto?

En el mismo ómnibus viajaban dos señoras que rondaban también los sesenta. Una escribía un mensaje de texto.

—Che, estás en todo, ¿y sabés escribir ahí? —dijo la otra.

—Y sí, no me quedó más remedio. Y el Sergio también aprendió —respondió la primera. (Bravo, Sergio).

Luego la señora explicó que los mensajes eran para su hija, que vive en España.

Casi todos los padres y abuelos que se retiraron del mercado laboral antes de la masificación de las computadoras, y que tienen una buena motivación para aprender algo de las nuevas tecnologías, saben hacer cuatro cosas: enviar y recibir mails, chatear, hablar por Skype y, algunos, hasta intercambiar SMS.

No saben diferenciar un clic de un doble clic, no entienden la metáfora del “escritorio” en la computadora y se asustan como un niño en la oscuridad cuando se activa un antivirus. Siempre dicen OK sin leer el aviso, se olvidan de guardar los cambios y tienen todos sus archivos en el desktop porque no saben ordenarlos en carpetas. Es imposible que presionen Ctrl + Alt + otra tecla, les confunde el botón derecho del mouse y, cuando uno les hace minimizar una ventana, gritan espantados:

—¡Pero yo no lo quería cerrar!

Aun así no se los puede acusar de testarudos. Muchas veces la artritis les dificulta cliquear un mouse. La presbicia o las cataratas no les permiten ver bien el teclado, al que casi no conocieron durante sus años de trabajo a menos que fueran mecanógrafos. Aprenden con lentitud, por lo que una instrucción impartida un día queda olvidada al día siguiente. Y quienes les enseñan, en lugar de explicarles, les resuelven los problemas con tal rapidez que quedan apabullados.

A pesar de todas estas delicias, sus hijos y nietos nos esmeramos –y nos exasperamos– enseñándoles las cuatro cosas que deben saber para comunicarse. Paso a paso. Con la misma paciencia que ellos nos tuvieron cuando éramos bebés. Porque en esta revolución tecnológica, los jóvenes les mostramos a los viejos cómo manejarse en este mundo.

Cuando ellos eran niños, no existían las heladeras. El teléfono y la radio eran los mayores símbolos de modernidad. Vieron nacer el cine a color, la televisión y el télex. Las últimas innovaciones tecnológicas a las que se adaptaron sin problemas fueron la fotocopiadora y el fax. Pero después de eso todo comenzó a suceder demasiado aprisa y se perdieron entre menúes, controles y funciones.

Así que anotan:

1. Encender la computadora.
2. Hacer doble clic en Outlook.
3. Hacer un clic en recibir mensajes.
4. Leer el mensaje.
5. Apretar la X, arriba a la derecha.

No entienden para qué sirve cada paso, sólo lo repiten mecánicamente.

Esto sucede en todo el mundo, pero los uruguayos lo han sufrido particularmente: un país con el 14% de su población en el extranjero, y en el que la mitad de sus emigrantes tienen menos de 30 años, obliga a sus viejitos a aprender a usar el Skype si quieren verle los primeros dientes al nietito en España.

Para conseguirlo se rompieron la cabeza, se frustraron miles de veces. Llamaron a técnicos que les cobraron un montón de plata por resolver tonterías. Reconocieron su lentitud. Se bancaron las burlas de sus familiares más crueles. Se humillaron preguntando por centésima vez la misma cosa. Perdieron archivos, lloraron de impotencia.

Lo hicieron mis padres y lo hacen los padres de los expatriados que conozco. Todo para tener noticias de sus hijos que están lejos. Es uno de los más bellos y menos reconocidos actos de amor que han hecho por nosotros. Y encima llaman desde lejos para preguntar cómo abrir el attachment y uno se ríe.


* Este texto es un capítulo del libro "Lamentablemente estamos bien". Se encuentra en librerías en Uruguay y se puede comprar online en la página de El Castellano.

21 comentarios:

La Tilde Perdida dijo...

Muy enternecedor el relato, y bien cierto. Hace año y pico di clases de informática a personas mayores y había que tener una paciencia abismal, y no aprendieron mucho, pero recompensaba la satisfacción con la que lo descubrían todo: como niños abriendo regalos en Navidad.

Cecilieaux dijo...

A mi también me gustó la nota y como Tilde Perdida he tenido la experiencia de enseñar computación básica a adultos y ancianos y la experiencia es impagable. Una clase entera pasamos abriendo, disminuyendo, reabriendo y cerrando ventanas. Y yo me pongo a hacer teatro cuando "desaparece" una ventana, como para expresar de manera exagerada el temor que tienen ellos. Y se rien. Y poco a poco pierden el miedo. Pero si, todo a paso bien lento. Y ¿qué apuro tienen?

andrea dijo...

Descubri tu blog por cosas de la fragmetacion... y desde ese momento me he quedado prendada en tu estilo! te cuento que soy Colombiana pero vivo en Suecia y con cada cosa que dices me siento terriblemente identificada! Mi mama habla diario conmigo via MSM y es la viejita "coca-cola" de su grupo pues "maneja" las cuatro funciones basicas de los neo-internautas

Rosendo F. dijo...

Hola chica, sí la verdad que sí.
En lo que es yo he aprendido a dominar las técnicas de la computadora por la ayuda de mi hijo y de mis nietos también que saben que parece que nacieron con un computador debajo del brazo, y no lo digo por el Pan Ceibal que creo que está muy bien pero tampoco como para salvar al mundo ocn computadores porque si pensamos que al mundo nos salvarán los computadores estamos equivocados, creo.
Igual bueno gracias por el texto que disfruté mucho.
Bueno cariños,

Rosendo F.

amandastein dijo...

A medida que iba leyendo pensaba "pero yo esto ya lo leí en alguna parte...". Hasta donde se menciona tu libro, que me regaló una amiga uruguaya. Me gustó la primera vez y me sigue gustando la segunda :-)
Un beso

Geber dijo...

Hace no mucho me llamó mi madre, que cuenta con 76 años, al trabajo para que le explicara como poner su lavadora, pues se le había desconfigurado (normalmente basta con pulsar una tecla, pero como se toque otra el tema se complica). Afortunadamente, además de los lazos familiares, compartimos el modelo de lavadora. Después de un rato de instrucciones conseguimos que el artefacto arrancara. Una compañera me comentó: qué paciencia tienes. No es cuestión de paciencia, a determinadas edades, sobre todo si no ha habido contacto previo y si las facultades van mermando, enfrentarse a la tecnología es una tarea casi heroica y colaborar en ella es más un honor que otra cosa.

Rosa Borreguero dijo...

Leila, parece que estuviste en mi casa ayer tarde y viste como mi hijo intentaba por enésima vez explicarme....
Me gusta tu mirada, eres inteligente y divertida y son dos cosas que enamoran. Por fi no cambies.
Un abrazo.
Rosa

mundoantonio dijo...

Hola Leila. Buen post, pero estas dificultadas no son exclusividad de personas de tercera edad, he visto con asombro, que bastante gente joven adolece de las mismas habilidades descritas. Saludos Feliz Navidad a todos!!!

alf dijo...

Identificado.
Me precio de haber sido autosuficiente en varias actividades, pero hoy existen demasiadas áreas ocultas y mensajes crípticos en toda clase de texto y dispositivos. En realidad, además de lo mucho que me gusta la forma en que escribes, estoy en tu blog (otra palabrita que no acabo de entender totalmente) por que me permite estar activo.
Sobre el post eliminado, sólo quisiera señalar que en mi rancho dicen que "cuando el río suena... es que agua lleva" y de que es cierto que las tendencias educativas están eliminando temas en las curricula, podemos comentarlo sin temor a equivocarnos.
¡Que pasen todos una Feliz Navidad!

Graciela Ventimiglia dijo...

Hola! Te comento que quité mi suscripción en seguidores de Google Friends pero te sigo por RSS. Ahora tengo tumblr y te invito a conocerlo en graciadelcielo.com
Saludos y Feliz Navidad!

Grigors dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Jorge Ojeda dijo...

Como siempre excelente querida Leila.
Me pasa muchísimo cuando pierdo la paciencia intentando explicar una y otra vez a mis padres como reactivar la cam en Skype y poder echarnos los cuentos mientras pretendemos estar cerca. Con el bendito Windows de sus PCs mientras como fiel usuario Mac no tengo esos problemitas que solo aparecen en esos computadores.
Ni hablar de conseguirles el PIN del Blackberry para poder mandarnos mensajes de texto en tiempo real.
Y eso que todavía no llegan a los setentas!.
Beso.

Fran Lopez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Fabìan dijo...

Wow que forma de escribir, me gusta bastante tu estio, felicitaciones por el blog!

Susana Navarro dijo...

Me has hecho reir barbaridades con tu artículo, identificación total, tal vez jajaja. No estoy todavía tan avanzada de edad como los que mencionas, y sé usar bastante la computadora, pero mi hijo que se sabe todos los trucos informáticos y tiene cero paciencia para explicarme cuando algo falla en lo técnico, simplemente me repite mi apodo: "compusauria" y luego de eso viene su definición al estilo diccionario de su término inventado. Saludos

Gabriela Abalo dijo...

muy buen relato, describe perfectamente los desafíos tecnológicos que enfrentan las generaciones anteriores e incluso la nuestra.
Yo ya me pierdo con el móvil y el MP3, por suerte mi hijo de 10 años viene a mi rescate.

Escribes fantástico. Sigue así.
Gabi

Orlando dijo...

Hola Leila. Llegué a tu blog por la sección Noticias del Castellano que recibo regularmente. Me gusta mucho tu blog y tu estilo y lo sigo asiduamente. Sobre este post, como dicen por ahí, de todo hay en la viña del Señor. Acabo de cumplir sesenta años y siento que todavía domino lo básico de estos menesteres y mantengo vigente mi blog. Mis hijos, ya profesionales, me consultan sobre algunos aspectos de informática, pero sé perfectamente que algún día mis nietas van a tener que darme clases de todo lo que está por venir.

Leticia Ortega dijo...

yo tuve que vivir seis meses en noruega para lograr que mi papá se decidiera a sentarse frente a la compu... es un as con la internet, word y ppoint... le costó un poco aprehender los conceptos de "amigable" "intuitivo" "ventana", y como tú bien puntualizas "escritorio" y "carpetas"... pero con constancia y muuuucha paciencia, lo superó...

cosa que me encanta,

Leticia.-

sagos dijo...

Snif!

Víctor Elías dijo...

Me gustó mucho este post, ahora sí te luciste. Me quedo sobretodo con el final: "...el último acto de amor que han hecho por nosotros", maravilloso. Yo me he desesperado un poco al tratar de enseñarle a mis papás siquiera a encender la computadora. A nosostros nos parece tan sencillo, que creemos imposible que no puedan aprender rápidamente cosas tan sencillas. Pero ojalá nos pusiéramos a pensar lo complejo que resulta todo para una generación que tenía televisores en su casa sin control remoto, que no creía en la posibilidad de un teléfono inalámbrico y que veía el mundo como una inmensa esfera inaccesible. Felicidades por esta nota y me encanta tu blog.

Anónimo dijo...

¡¡Me encantó el artículo por su ternura!!

Es realmente un gran suplicio que los padres hacen con gusto para no perder el contacto con sus hijos.