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2/10/09

No morí en Nueva York

Según una encuesta de la Universidad de Pittsburgh, del total de decisiones que tomo al día, 86% son un error. Pequeños o graves errores que se suceden constantes, puntuales, irrevocables, como hits de Madonna. No es fácil vivir aquí adentro, ser la eterna víctima de mí misma. Uno de mis errores más recientes fue haber planificado, dentro de mis vacaciones, pasar sólo tres días en Nueva York. Sólo. Como si Nueva York fuera Las Vegas, donde luego de ver veinte hoteles esquizofrénicos, emborracharte y pasar la noche haciendo estupideces, te morirías del aburrimiento. Como si fuera Praga o Florencia, donde tras visitar mil museos, iglesias y cementerios ya no tendrías nada que hacer.

Además, aparte, crecí con esa creencia sin fundamento, muy New Age, de que si uno quiere algo mucho-mucho, pasa. ¡Haz que suceda! Mente positiva. Bah. Hago fuerza, frunzo el ceño, “piensa positivo”, pienso. Y nada, la magia no se da. El día en que toda esa energía positiva surta efecto y pase todo lo que quiero que pase, lo más probable es que me arrepienta del desastre universal que habré creado.

Total que mi inoperante energía positiva y yo decidimos que haría buen tiempo justo los tres escasos días que iría a Nueva York. Pero el mito de la energía positiva hay que combinarlo con decisiones correctas, ese es el truco. Así uno tiene la fantasía de que esa payasada funciona. En cambio, mi pobre energía positiva, empantanada en medio de tantas decisiones erróneas, es tan ridículamente ineficaz como una aspirina para combatir el cáncer. Esto me ocurre en la mayoría de los casos, pero ahora estoy hablando de Nueva York y de las 72 horas en que no paró de llover.

El primer día no fue un problema porque fui al teatro y a casa de una amiga, estaba resguardada. Pero el segundo era El Día Para Conocer Manhattan. Apenas salí de una estación de metro que me escupió en Times Square, me atacaron un viento frío y un agua gélida que caía con fuerza, con unos gotones que dejaban cráteres en mi cabeza. Saqué el mapa y, antes de que se empapara y se borraran los nombres de las calles, logré entender que estaba cerca de Grand Central. Wow, la estación de trenes donde hacen tantos flashmobs. Seguro tiene techo. En el camino me compré un paraguas grotescamente caro y llegué. Con solemnidad, traté de internarme en los cientos de clips filmados en ese lugar y que me daban una sensación de déjà vu. Me demoré tomando fotos olvidables hasta que fue evidente que estaba perdiendo el tiempo. Basta de Grand Central, Leila, estás en Nueva York, tienes un día, sal de aquí.

Salí. Lluvia, frío. El paraguas se dio vuelta y se convirtió en una antena para la detección de extraterrestres que habría usado feliz Ed Wood para alguna lúgubre escenografía. Lo tiré y seguí mojándome. Un hombre que vendía paseos turísticos en autobús, de esos en los que uno se puede subir y bajar cuando quiera, notó mi desamparo y me recitó los beneficios de su tour. “¿Los autobuses tienen techo?”, pregunté. “Sí, claro”, dijo. Le compré el paquete y me mandó a una parada más adelante. Cuando por fin llegó el autobús, descubrí que no había ningún techo. Como consuelo me dieron un “free poncho” impermeable para poder disfrutar de la ciudad al aire libre, bajo la lluvia, con frío, en un autobús andando y con un tipo más infeliz que yo que me mostraba, con un micrófono que amplificaba el viento, los puntos turísticos de interés.

Como se sabe, esos ponchos baratos de plástico no son muy ergonómicos ni los diseña Prada, o sea que el gorro, una vez puesto sobre la cabeza, no hay quien lo mueva. Esto da una visibilidad reducida a exactamente un ángulo recto ante los ojos. Cuando el guía me mostraba algo a un lado o sobre mí, yo movía la cabeza pero el gorro se quedaba ahí, como anteojeras de caballo, por lo que todo lo que veía arriba y a los costados era un plástico amarillo inmutable. Sólo pude apreciar lo que tenía delante, la mayoría de las veces semáforos. Saben, una vez que había conseguido armonizar el frío, la lluvia y el poncho, a fin de que ni yo, ni el morral, ni la cámara ni mi mente positiva nos mojáramos demasiado, moverme un centímetro era una decisión muy difícil que conllevaba un gran esfuerzo posterior de húmedo reacomodo. Lo hice en contadas ocasiones: cuando me anunciaron que allá arriba estaba el Empire State levanté la cabeza y lo vi entre las nubes, indistinguible del resto de los edificios. Luego me dijeron: “Ahí, la estatua de la libertad”. Cedí y me saqué el gorro de nuevo para ver una bruma en medio de la cual una mancha verde, que podía haber sido una gota de grasa en mis lentes, prometía ser la icónica escultura. “Allá el puente de Brooklyn”, “Allá Wall Street”. Todo era igual: un plástico amarillo o una sombra en la neblina. Decidí bajarme y caminar bajo la lluvia, si total ya estaba mojándome en ese autobús donde, además, recibía chorros de agua helada que lanzaban los autos desde las avenidas que pasaban por arriba.

Fui a parar a Greenwich Village, una linda zona llena de comercios que recorrí uno por uno, con la ilógica esperanza (energía positiva) de que pronto dejaría de llover. Entraba con mi poncho amarillo goteando y mojando toda la tienda a mi paso. Pero hasta los gringos que atendían los negocios y que son extraordinariamente cordiales comenzaron a mirarme con disgusto. Al final ya sólo podía meterme en sex shops, que eran los únicos sitios donde no me miraban feo. Supongo que es porque estar mojado es parte del concepto. Vi con el mayor interés y toda la demora posible los artilugios más delirantes, tenía que leer las instrucciones de la mayoría para entender su utilidad. Había unos consoladores astronómicos que me daría terror meter en mi casa, ni digamos en cualquier otra parte. El premio se lo ganó una graciosa lengua a pilas cuyo funcionamiento el chico de la tienda ofreció mostrarme tras comprobar mi detenida fascinación. Salí espantada, pero como aún llovía me metí en la tienda de al lado, que era otro sex shop. Cuando terminó la calle, toda de sex shops, aún no había dejado de llover y yo ya me sentía una geisha entrenada para la guerra.

Luego fui a comer a un restaurante italiano. El dueño flirteó un poco conmigo diciéndome que una venezolana con sangre italiana, como yo, tenía que ser “caliente en la cama” (en español en el original), comentario ordinario y bobo, pero yo venía de pasar un día bajo la lluvia, muerta de frío y refugiándome en una eterna calle de sex shops. No se puede galantear impunemente, quise decirle. Usted no toque si no va a comprar, señor. Debería estar penalizado cortejar sin concretar.

Luego de comer, halagada pero aún con frío, salí a mojarme de nuevo. Por si no se ha notado aún a lo largo de este blog, soy bastante hipocondríaca. Sé que voy a morir pronto en un accidente en un taxi uruguayo, en un avión o, si la vida me sonríe, asfixiada por una falla pulmonar. Una neumonía reciente me dejó bastante débil y aún así me estoy suicidando homeopáticamente con cigarrillos, o sea que me protejo bastante de cualquier cosa que pueda afectar mi desgraciado aparato respiratorio. Mientras pasaba tanto frío y se mojaba cada centímetro de mi erróneo ser en las calles de Nueva York, sabía que iba a morir. Sentía latir la cicatriz en mi pulmón derecho. Un amigo, con el que me encontraría esa noche, tendría que encargarse del engorro del entierro y todo eso. Lo lamenté por él, pero decidí, en un arresto de valentía inédito en mí, que no me importaba morir. Iba a conocer Manhattan ese día, carajo, a disfrutarlo y a estirar la pata al día siguiente y punto.

Pero no me enfermé. Casi lo lamento. Habría sido una muerte heroica. Ahora estoy en casa de nuevo, cometiendo un error tras otro y pensando positivo estérilmente, como antes, sin que se dé la magia.


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34 comentarios:

Carla dijo...

jajajaja! que bueno que volviste!

F. de P. dijo...

Copio comentario anterior.

sagos dijo...

Bueno Leila, Hubieras esperado el cuarto día, seguramente fué soleado (aunque imaginar eso no nos ayude mucho)

Salud!

Federico Gauffin dijo...

Jajaja
Ya llegarás de nuvo a Nueva York. A esos lugares, ¡o no se va nunca, o se va más de una vez!

Nacho P dijo...

menos mal que hizo mal tiempo, si no qué hubieras escrito? me encanta como te burlás de vos misma

Franco V dijo...

welcome back hypocondriac-hot-in-bed-venezo-italian!
missed you.

Mandorlino dijo...

Foto curiosa, casi el mismo ángulo que la caricatura.

LuKiA dijo...

Se le extrañó por aquí. ¡Qué mal tino con el clima! Suerte para la próxima.

Pos yo dijo...

jajajajaja

Muchas gracias. Generalmente tengo que escuchar lleno de envidia los maravillosos relatos de las vacaciones de otros. Confieso el placer malsano que me provoca tu relato. Seguro dentro de todo la pasaste bien, o hubo detalles que lo hicieron valer la pena. Tal vez de ellos escribas después, pero por lo pronto, muchas gracias. Me has alegrado el día. Qué divertido!!!
gracias

La Tilde Perdida dijo...

Creo que es peor viajar con un calor espantoso como hice este verano porque te anula completamente. Los viajes no pueden ser perfectos y creo que con estos contratiempos lo pasaste muy bien o al menos tienes un recuerdo divertido. Además, hay mucha gente que dice que ha estado en muchos lugares sin ver nada de ellos. Al menos puedes presumir de haber estado en Nueva York.

alf dijo...

Si no fuera por las fotos, pensaría que todo lo ideó para que la disculpásemos por el tiempo en que dejó su blog sin atender.
Concediendo sin aceptar, debe ser positiva y ver que tuvo la oportunidad de conocer un frío y un "caliente" de otras latitudes.
!!Bienvenida¡¡

Allyn dijo...

Me encantó la frase de "Debería estar penalizado cortejar sin concretar".
Gracias por regresar... se te extrañaba por aquí.

Lobo López dijo...

Aunque lo siento por ti, maravilloso relato. Estoy totalmente contigo en cuanto a las meteduras de pata, y lo de la energía positiva. Hasta ahora lo único que conseguí, que esa energía positiva que envío acabe volviéndose contra mi.

Merceditas dijo...

Jajajajaja...tienen razón, se te extrañaba. No acostumbro a escribir mucho por aquí, pero siempre disfruto tus relatos, me encanta tu estilo humorístico-realista de retratar la vida. Aún no puedo parar de reirme contigo, hasta mi mamá me vino a preguntar qué es lo que me pasaba por mis carcajadas!!!!

Leila Macor dijo...

Yo les confieso que mi energía positiva no hace magia y ustedes se ríen. Qué gente.
Sagos: al cuarto día salió el sol, pero ya me iba. Madorlino: verdad! casualidad.
Gracias por los saludos, también los extrañé. Besos

Odiseo en Puebla dijo...

Caray, Leila, siempre es bueno leerte. Al menos esa lluvia no degeneró en diluvio universal, porque imagínate al Arca de Noé maniobrando peligrosamente entre los rascacielos. Mira, sin querer aquí tenemos una idea para una próxima película hollywoodense de desastres. Pero conociste Nueva York, así haya sido en medio de una lluvia pertinaz, y muchas sex shop, lo cual no cualquiera puede presumir. Para alguien que apenas ha salido de su ciudad, pero nunca de su país, lo tuyo es una proeza similar a ganar la medalla de oro en unas Olimpiadas.

lalalalalala dijo...

¿Te estudiaron en la Universidad de Pittsburgh? ¡Demonios Leila! Jajajajajaja.

Bienvenida. Yo de EEUU sólo conozco NYC, así que cuando quieras te cuento cómo es... jajaja.

Besote :)

Anny dijo...

Bienvenida de vuelta! Que bueno leerte de nuevo! Dejame decirte que no pare de reirme como una tonta frente a la pantalla....!! El poncho amarillo, el tren que escupe, el italiano conquistador, la lluvia impertinente, los consoladores para ballenas, todo esto con el picante propio de ti, han hecho este relato GENIAL!! Ahh...y despues de todo que sucedio con la lengua movida por baterias?

Natalia dijo...

Piensa Positivo. No moriste.

George dijo...

chesss... yo estoy a punto de irme a cusco, sin plan, sin conocer a nadie allá... ojalá haga buen tiempo...

viovio dijo...

Ay pobrecita Leila! jajaja
que mal! que antiheroe que te salió todo! jajaja
pero te dio material para un buen post. Algo es algo.
Besos

MAGE dijo...

Yo venía de leer tu libro cuando me encontré con otro sarcástico como vos que te conoce (Guillenea, de VayVen) y me dice que tenés un blog. Allá vengo y me hago seguidora y, de repente, aparece el mensaje de "no sé cuando vuelvo". Me dije "pero che, qué mala suerte tengo".
Y hoy, me encuentro con este fantástico relato neoyorquino. Es que imposible pasar por NY sin que nos pase algo. Frio, calor, corridas ... siempre deja algo en nuestro haber.
Me alegro montones que estés de vuelta. Es un PLACER leerte.

Yaz dijo...

JAJAJAJAJJAJAJAJ... hoy estaba de muy mal humor, sentia un nubarron negro sobre mi cabeza, pero despues de leerte, se me ha quitado. Eres muy buena para esto, me gusta esa filosofía tuya.... a vivier la vida loca, si mañana estiro la pata, bien valió la pena... gracias!!!
Suerte para la próxima =D

Yaz dijo...

AHHH...cierto, me encanto tu frase "Debería estar penalizado cortejar sin concretar". Con tu permiso paso a "robarmela",... =/.

Si no fuera porque llovió a cántaros, no sería memorable, imaginate si hubiera estado perfectisimo el clima....

Aimed dijo...

Ya era hora mi chava!
Welcome back

Zhandra dijo...

A veces las cosas no suceden como uno espera, pero ello no implica que la experiencia sea mala del todo. Me hace un poco de gracia lo del galanteo impertinente del italiano en Greenwich Village, algo que aquí en Venezuela habría sido motivo de chiste entre los amigos... Saludos

Daniela dijo...

jajajajaaja que risa xD Reirse de uno mismo: la única manera de sobrevivir a este mundo de dementes :)

Liseita dijo...

No sé si es consuelo, pero yo no conoczo NY!!! Algo es algo, aunque sea con lluvia.
Cariños

Odart Graterol dijo...

Ufff!!! De ésta "energía positiva" tengo un Phd...con una Madre psicólogo de tendencia 100% New Age, con una extensa biblioteca (la de Casa de ni madre) en donde hay 2 bestsellers y 987 libros de autoayuda y similares.... y un padre Mitad ingeniero mitad filósofo; y recientemente acólito de una de estas "nuevas" corrientes espirituales (nacidas en California...) mezcla de saibaba, con Dalai Lama, budismo, induismo...y por supuesto "pensamiento positivo", pues te entiendo perfectamente, dado mi background cultural...para rematar aquí en Venezuela. Tu relato describe muy bien esa "sensación de impotencia" por sentir que "metimos la pata" ante el cotidiano proceder, de nosotros Los "no tan notables", quienes achacamos acaso a la falta de rigor en nuestra formación, acaso a esa permeabilidad de nuestra Tierra a cuanta porquería (que tan solo por venir de fuera debe ser buena)
tendencia que da justificación a manera de "pop phylosophy" a nuestra falta de profundidad o sistematicidad...o tan solo constancia...a veces cuando nos suceden cosas como las relatadas por ti, no sé si lo que nos molesta mas es el no haber tomado las suficientes previsiones, o quizá haber enfrentado la situación de forma mas "estóica" o totalmente contraria a ésta mas bien "epicúrea" ??? No sé Bohemia y "esbarrancarse por ahí" lo cierto. Es que a uno le cuesta mucho viajar y de pronto cuando el universo parece conspirar en tu contra (Frase full New Age no?) y las espectativas de Viaje no sé acercan si quiera a la realidad pues...ya sabes...( a mi se me ocurrió la maravillosa idea de cruzar el océano y pasar solo día y medio en Estambul...)

Analia dijo...

Leila! Me muero de la risa con vos! Gracias!

Velia dijo...

Hola, Leila, nueva por estos lares. K gusto encontrarte. Me sentí muy identificada contigo luego de leer esto de Nueva York, después de haber planeado durante tres años el ansiado viaje sin k se concrete pork no he querido viajar sola...no vaya a ser la de malas, jajaja. En cambio he conocido varios lugares a los k yo si he accedido ir acompañando a mis malagradecidas amigas. En fin...paso solo para agradecerte por esa maravillosa manera de escribir, jajaja. Ah y para preguntarte algo: no serás lesbiana de casualidad??? Dime k si, plis. saludos.

Velia dijo...

no lo autorices, por favor, jajaja. cómo cambio mi identidad, bueno, en fin, jajaja. saludos

Tatito dijo...

Jajajaja... eres excelente Leila.
Te acabo de conocer, no sé ni como llegue a este blog pero si sé que no me va a ser facil irme... jejeje.
Me encanta tu forma de escribir y de como logras reirte de ti misma cuando cuentas lo que te ha sucedido.
Felicitaciones, por el blog, por el viaje a Nueva York y por ese 14% de deciciones correctas :)

Un beso. Javier.-

Gustavo dijo...

Hola Leila imagino que por lo menos las noches que pasastes en NYC tus sueños eran secos. Yo te imaginaba con tu poncho amarillo danzando al son de una coreografía estilo "West side story"
tropical. Deberías volver  a NYC con tus "vagabund  shoes" como dice la cancion en otra epoch del año.  Coincido contigo en eso de que "Debería estar penalizado cortejar sin concretar." al igual que penalizar a las personas que lo increpan a uno a ser positivos y a tener la autoestima alta. A mi la autoestima alta me hace infeliz y me enferma y me decepciona tanto como esa falsa positividad con la que muchos se regodean. Me encanta esa negatividad tuya mortalmente cómica.