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16/8/09

Negación


“My dad thinks I paid for all this with catering jobs.
Never underestimate the power of denial”.

(Ricky Fitts en
American Beauty)

Lo más aterrador de la negación es no saber qué es lo que se está negando. Qué recuerdo se borró y por qué. Qué hay delante de nuestras narices que no vemos y por qué no lo vemos. El problema no es que la visibilidad sea corta, se puede vivir con eso, creo. Se puede vivir –y se vive– mirando sólo lo que se quiere o se puede ver, bajo el lente que se elija, con la deformación que convenga y las prerrogativas que a uno le satisfagan. El problema es no tener ni idea de qué es lo que ese radio de visibilidad está ocultando. Todo está aquí, cercándonos, pero sólo advertimos la bruma que nos tapa la visión. Suponemos nuestro entorno y asumimos como propios recuerdos autoimpuestos, revisitados en disuasivas fotografías. ¿Qué garantías tenemos de que lo que vemos realmente está? ¿De que no recreamos todo a partir de las formas fantasmales de la niebla, de que no implantamos situaciones y personajes imaginarios así como uno ve caras en las manchas de las baldosas del baño? No hay que subestimar el poder de la negación. Podemos estar negando todo lo que sucede alrededor y vivir en una barquita roja en medio del Mar de los Sargazos creyendo que somos dueños del barco y del océano. Pero puede venir un golpe de viento, liberar un metro más la visibilidad y develar bruscamente el monstruo, el abismo, la isla. Puede venir un golpe de viento y mostrarnos por unos segundos el horror de la negación: la negación expuesta. Plantada ante nosotros reivindicando su odiosa existencia, como si uno de esos topos subterráneos sin pelos emergiera a la superficie para burlarse de nuestra conmocionada sorpresa: “Cómo, ¿no sabías que yo estaba aquí?”

Cuando era pequeña, mis hermanos y yo jugábamos mucho con los ladrones, unos cangrejos de arena que habitan algunas playas caribeñas. También se conocen como ermitaños. No tienen caparazón propio, como las tortugas, sino que viven en conchas de caracoles muertos. A medida que crecen, se mudan velozmente a otro caracol más grande o se lo roban a otro cangrejo tras una lucha feroz. Sus cuerpos son blandos como mejillones, retorcidos y maleables para encajar en el molusco que adoptan; pero tienen patas sólidas, resecas y temibles como para pelear hasta la muerte contra cualquier amenaza a su hogar y al cuerpecito ridículo que ahí se esconde. Por eso no salen fácilmente. Una vez que hallaron su casa la defienden con todo el furor de sus pinzas y patitas puntiagudas. Nosotros les prendíamos fuego y nos reíamos como locos cuando los veíamos escapar: se deshacían de la carcasa y corrían desnudos por la arena a buscar algún otro molusco con sus frenéticas patas de cangrejo fanfarrón arrastrando una existencia lábil, gomosa, pálida, que nunca había visto el sol. Era repugnante. Yo gritaba con el grito agudo de una nena asqueada y exaltada.

Así mismo, como el cuerpo de un cangrejo ladrón expuesto por el fuego de niños crueles, es una negación súbitamente revelada.


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13 comentarios:

La Tilde Perdida dijo...

Uff, creo que no he entendido muy bien lo que quieres explicar. Sólo sé que erais muy malvados de pequeños sacando a los cangrejos de sus casas, aunque fuesen robadas.

Cecilieaux dijo...

Obviamente, Leila, sos simplemente un producto de mi imaginación.

lalalalalala dijo...

Standing ovation. Denial is my drug of choice.

Beso,

http://www.flickr.com/photos/objetitosincultos/3582491417/in/set-72157619063281122/

alf dijo...

Lo curioso es cómo vemos la paja en el ojo ajeno... Somos hábiles para percibir negaciones en los demás, que los llevan a comprar espacios desde los cuales actuar. Pero esas brumas, si las tuve, están en el pasado ¿no?

Robert Fornés dijo...

Hola Leila,

Soy recién llegado a tus latitudes.
De momento, acabo de leer tu ensayo sobre la negación, y estoy totalmente de acuerdo. A esa actitud yo la llamo "miopía vital", o como diría mi abuela, "no hay peor ciego que el que no quiere ver..."
Me gusta tu estilo, es limpio y preciso...enhorabuena.

Con tu permiso, pasaré por aquí a menudo.

Besos alados desde Balansiya.

F. de P. dijo...

No.

guiye dijo...

cuando el cangrejito se defiende, se defiende de vos.

cuando vos te negas, te defendes de vos.

dos a uno salio el partido, y gano el moluscote, jejeje.

Leila Macor dijo...

uno se mata escribiendo una vaina y resulta que una abuela lo decía de la forma más simple del mundo con un refrán que lo sintetiza todo.

Saloli dijo...

... cero que algo sabes sobre induhísmo (vivir en la Maya) o sobre Budismo... vivir en las apariencias por influencia del Karma, o del cristianismo (pecar, o errar el camino) o sobre Gurdjieff, vivir en el sueño... en todos los casos ser un esclavo del ego... Problema que no tienen los pobres cangrejitos a los que te refieres :) Somos los humanos los que vivimos en esa vida de sueño por que solo nosotros podríamos "despertar"... Como siempre me parece que eres fina con tu ironía, pero esta vez, "conciente o no" te metiste en rollos muy gruesos... Suerte en ese escabroso camino :)

Aimed dijo...

En primera "me niego" a aceptar que me bajaron un punto en el top ten.

Por otro lado si no me dicen lo del refran me hubiera quedado como la Tilde, perdiiiiiiiiida en el espacio,, jejeje

Pero creo que todos tenemos ese ese "pequeño" problema de la negacion en menor o mayor grado, sobre todo en nuestros errores. Como Jesus dijo en Mateo 7 ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? pero ps ya lo dice el viejo y conocido refran mencionado.


un beso, Leila.

Solicito un tema gracioso ya nos hada dado mucho en que pensar, jeje ..

La Tilde Perdida dijo...

Gracias, Aimed, ya no me siento tan tonta al pensar que todo el mundo entendió la entrada menos yo. El refrán ayudó bastante.

Deprisa dijo...

Si a mi me abrasaran el trasero también saldría corriendo de mi casa pero no por eso pensaría que es una negación.

La única negación que conozco es la de no querer afrontar lo que la vida nos plantea, la de negarse a vivir el momento y anclarse en la nostalgia de tiempos mejores.

Cuando se hace eso, uno se convierte en un cangrejo ermitaño que sólo pelea cuando se queda sin casa.

Leila Macor dijo...

bueno, menos mal que saltó el refrán para explicar mejor las cosas...