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8/5/09

Mi discapacidad matemática

Todo es culpa de la improductiva rebeldía juvenil. Más o menos a los 15 años ya sabía que quería estudiar literatura cuando fuera grande y, con la insensatez maniquea de la adolescencia, resolví que no necesitaría las matemáticas en mi vida. Fui categórica como todo adolescente, dogmática, irreversible. ¿De qué carajo me iban a servir a mí las fracciones, las vanidosas potencias y las groseras raíces cuadradas si yo estudiaría Letras? De nada. Clarito se lo dije a Lissette, una de mis mejores amigas de entonces. Ella era más pragmática, trató de convencerme de que las matemáticas no eran un capricho del pénsum escolar, pero al final aceptó dejarse copiar en todos nuestros exámenes de cuarto y quinto año.


Nunca más volví a escuchar al profesor de matemáticas; me dediqué a escribir, dibujar e intercambiar papelitos con otras amigas en un sistema de proto-chat que iba circulando de pupitre en pupitre. Apenas comenzaba a atender la clase, intentaba por todos los medios volver a distraerme. En los exámenes me sentaba atrás de Lissette, que escribía muy grande pensando en mí. Y si el profesor se hacía el avispado y nos ponía ejercicios distintos, Liz tenía tiempo de sobra para hacer su examen y el mío. Fue una lástima no poder retribuirle permitiéndole que se copiara de mí en alguna otra materia, pero ella no me necesitaba. Ahí la tienen, ahora es toda una personalidad en el pensamiento venezolano actual.

La Gente Grande también trató de hacerme razonar, sobre todo mi madre. Pero yo había decidido que, para sobrevivir, con sumar y restar tendría más que suficiente. Lo curioso es que no sólo dejé de aprender en cuarto año, sino que desaprendí todo lo que había logrado filtrarse en mi cerebro en los años anteriores. Es como si me hubieran hecho una lobotomía en la sección donde se aloja el pensamiento matemático. Ahora sólo puedo sumar y restar mentalmente si las cifras son redondas y con pocos números. Por ejemplo, 60 menos 40 lo puedo resolver. Pero 113 menos 76 no. Todo el mundo me dice: “Es fácil, haces 110 menos 80 y luego sumas no sé qué y restas no sé cuánto”, lo cual me parece enredadísimo. Tampoco puedo dividir cifras de más de dos dígitos: no conozco el procedimiento. Las ecuaciones son una tenebrosa vulgaridad que a veces ni números tienen. Las reglas de tres las aprendí a resolver hace poco, por mi trabajo, pero debo escribirlas y recitar para mis adentros el siguiente cantito: “si esto es igual a esto, entonces esto otro, ¿cuánto será? Esto por esto entre esto”, me digo, apoyando el índice sobre las cifras mientras hago una danza triangular en el papel. Así a veces consigo sacar un porcentaje, si es muy necesario. Ni siquiera soy capaz de cortar una torta en partes iguales para todos los convidados y sospecho que el tema de las fracciones tiene algo que ver con eso. La Gente Grande había tenido razón. Hasta para escribir ficción me hago un lío: a veces hay que calcular la edad de algún personaje y eso de que los meses sean doce es una gran complicación. En mis cuentos, todo el mundo nace en enero.

Al principio, aún bajo el influjo de la soberbia adolescente, estaba orgullosa de mi ignorancia, la llevaba como un estandarte. Era una insubordinación inconcebible, como ser venezolana y no mirar telenovelas, ser peruano y renegar del pisco. Pero de la presunción pasé al sonrojo cuando noté que todo el mundo hacía cualquier cuenta en pocos segundos y yo duraba horas mascullando números para terminar con la misma laguna con la que había empezado. Me comencé a sentir como esas vedettes argentinas a las que conductores crueles les piden en cámara que hagan una multiplicación para burlarse en vivo de su estupidez. (Y es lo único que comparto con una vedette argentina).

Es difícil la vida de una discapacitada matemática. Por ejemplo, el otro día un amigo comentó, para describir a alguien muy idiota, que era incapaz de resolver ni un recuadro de Sudoku. Yo sonreí con disimulada tristeza: para mí el Sudoku es lo más irresoluble del planeta. En el supermercado jamás sé si me dan el cambio correcto; ya tengo bastantes dificultades para sumar los billetes que me entrega la cajera, cosa que hago sólo para que ella crea que estoy controlando. Cuando llega el momento de pagar la cuenta en el restaurante, soy la que se pone a silbar mirando el techo. Los demás no notan nada, a menos que expongan públicamente mi invalidez con oscuras negociaciones como: “Tú me das tus 1.000, yo te doy 750, pones 520 y el cambio se lo das a Fulano”. Si no salgo airosa y me descubren, me miran embelesados, boquiabiertos por la profundidad de mi vacío lógico-numérico, como si estuvieran ante uno de esos cerdos fosforecentes creados hace un par de años por genetistas taiwaneses.

Honestamente, creo que soy un caso de estudio. Hasta la mujer que limpia mi casa me marea con sus cuentas. Dice que usó 187 pesos para comprar berenjenas, huevos, harina y queso y que, como ella me debía 32 de la última vez y yo le tengo que pagar 220 por el día trabajado, que saque la cuenta. No entiendo ni qué clase de operación debería hacer. Me hago la distraída y le digo “¿eh? ¿entonces cuánto es?”. Imagínense si voy a reconocer ante Margot que no sé sumar ni restar, ella que me dice todo el tiempo que soy su única “patrona glamour” (sic), porque según su forma de verme soy una “escritora famosa” (doblesic). Pero creo que se da cuenta. Se sienta conmigo y con las facturitas del supermercado y me explica todo paso a paso, con su letra infantil, porque quiere que me quede claro que no me está robando ni un peso. Luego me mira esperando que yo haga una suma que ella ya hizo mentalmente en un segundo. “Yo sé que puedo confiar en ti, Margot, ¡dime de una vez cuánto es!”, le ruego ante su evidente deleite por mi ineptitud.

Lo más difícil de ser una discapacitada matemática es el denodado, diario, agotador esfuerzo en disimularlo. Nadie sabrá jamás lo duro que es librar la batalla por la inteligencia desde un cerebro que no aprendió nunca el razonamiento lógico.

51 comentarios:

Martín H dijo...

JAJAJJAAJA! EN SERIO???

D.R. dijo...

Dicen de las matematicas que se aloja en el cerebro en el mismo lugar reservado a la musica. Eres buena para las melodias, las bemoles y las semifusas?? No se como seras ne matematicas pero tu escritura es deliciosa. Volvere a visitar!

Leila Macor dijo...

Gracias. O sea que así se explica además mi analfabetismo musical. Y seguramente también la falta de orientación. Espero que nada más.

Jaime Senra dijo...

Genial! Cada vez que te leo me da tanta pero tanta envídia que se me va la veta verbis y lo único que se me ocurre decir son estas estúpideces tipo "brillante", "genial". Me ocurre con las inteligentes lo mismo o peor que con las buenotas. Me quedo babado, abriendo y cerrando la boca como un mero gigante de las profundidaes (es decir, estúpido) balbuceando incoherencias. Ejem...genial.

Virginia Teruel dijo...

A mí me ocurre algo similar con lo del bisbiseo ante las reglas de tres, las vueltas de la compra o los cambios en el restaurante.

Además, comparto tu analfabetismo musical y la falta de orientación (¡incluso con un mapa en la mano!).

La gente me toma a broma cuando pongo de manifiesto mis nulas cualidades matemátics, musicales u orientativas. Pero ni siquiera intuyen que esto es un problema de fondo...

Miguel dijo...

Leyla: tu artículo tiene 1053 palabras, usando 4959 caracteres (sin espacios) en 7 párrafos.
Lamento decirte que las matemáticas no te dejarán tranquila nunca

lmg77 dijo...

Podría darle mil respuestas a "Escribir para qué?" porque está sangre que llevo adentro nació del vientre de las letras. Hoy, después de muchos años voy dándole sentido también a los números, que poco a poco se presentan ante mí para rascarle la piel al arte de escribir.

Manuela dijo...

Jajajaja! excelente que seamos dos! me sentí TAN identificada con este post que sería tan irrespetuosa de decir que salió de mi puño y letra.
Hasta lo de la regla de tres!! excelente!
Me encanta como escribis Leila!
ARRIBA!!

Anónimo dijo...

Oh Dios y yo que creía que sólo a mí me pasaba eso...!!!!
Leila me encanta tu forma de escribir, siempre te leo; comparto la opinión del Sr. Jaime Senra.
Saludos desde Costa Rica...

Ana

Maria dijo...

A mi me pasa eso. Cuando tuve que ver en la universidad fonética y fonología casi me vuelvo un 8. Puedes creer que necesitaba aprender formulas de física y que jamás pude y que casi pierdo la materia?
Eso de las matématicas no son para todos. A mi aun me cuesta mucho hablar de la tabla del 9!!


Un abrazo!

r.prat dijo...

Maravilloso escrito!! es tan reconfortante no sentirse solo en el mundo!!jajaja
Es realmente agotador tratar de disimular dicha discapacidad. Yo generalmente me adelanto y digo: Ay no! no me confundas que yo no sé sacar esas cuentas! Aunque a veces es inevitable aparentar que uno hizo el calculo perfectamente.
Me has hecho reír mucho con los ejemplos que das, la regla de tres escrita y recitada! las cuentas conjuntas esas que son infernales, en fín...

Saludos.

alf dijo...

Hace muchísimos años compre un libro que se llamaba "La historia de las matemáticas". Esperaba encontrar en él la razón de su existencia. Al no traer nada de Homero, Virgilio o los Mayas, decidí archivarlas un tiempo prudente, que se cumplió cuando mi hija me pide que le ayude con las ecuaciones complejas ¿?

Leila Macor dijo...

No saben lo feliz que me están haciendo. ¿No soy la única? woa, basta con exponerse para descubrir a un ejército. Jaime, déjate de boludeces que tu blog está del carajo! Pero gracias por tu reacción de mero.

Carla dijo...

bueno, bueno, tampoco se pongan orgullosos ahora que descubrieron que son "un ejército"

bahiana dijo...

manuela, al parecer somos muchas más que dos...

ahora, me parece que en los nombres hay algo. por lo menos en el 'Liz'. una liszett cercana a mí es una bala para sacar cuentas. de las que cuando llega a la caja ya ha calculado el total más los impuestos. por cierto, ¡qué tragedia para las que padecemos discalculia eso de 'el precio marcado no incluye impuestos', eh! yo medio he aprendido, pero donde me lleva el carajo es en los sitios donde el impesuto es fraccionario, tipo, 11.25%

y leila, lo suyo sí es contar, pero con palabras. y lo hace rebién. el resto es minucia, decía mi abuela...

bahiana

el charo dijo...

¡Pero si es lo más normal!

Yo soy matemático y te puedo contar algo que me ha ocurrido en varias partes del mundo. La gente supone que porque estudio/trabajo en matemáticas entonces debo ser muy bueno para los números. La verdad es que no es cierto.

Cuando salgo de copas o a cenar con mis amigos matemáticos, siempre nos tardamos una eternidad para que la cuenta salga. Nomás no estamos acostumbrados a trabajar con números.

Por supuesto que hay excepciones a esto; pero creo que son las menos.

Además, eso de que nunca aprendiste el razonamiento lógico es una mentira; basta leerte para saberlo.

A-nah! dijo...

Jajajaja... me encantó lo de la Gente Grande, al final no sé si es que siempre tuvieron razón o que uno la fue perdiendo al irse convirtiendo también en Gente Grande.

Y por cierto... ¡los Sudokus son un asco!

Besitos y feliz finde Leila :)

Leila Macor dijo...

ana: sí, pero tú y yo tenemos un amigo en común que resuelve sudokus mientras chatea, baja música y habla por skype, lo que es bastante aterrador. beso.

CrisTin dijo...

Ay, Leila! Me setí descubierta! Siempre supe que en algún momento de mi vida fui víctima de una lobotomía en la que se me extrajo la porción del cerebro que corresponde al pensamiento matemático y todos sus anexos (porque tampoco se me da lo de la música, por supuesto). Un abrazo, colega!

Dante dijo...

También habemos otra clase de negados, no solo los matemáticos: somos los descoordinados, que no podemos seguir un ritmo al bailar o teclear con más de dos dedos, ni para escribir o jugar un videojuego y menos practicar decorosamente algún deporte que requiera un mínimo de coordinación. Pero uno se acostumbra y vive con ello.

Odiseo en Puebla dijo...

Es cierto Leila: a veces piensas que eres el único raro que no sabe hacer cuentas con rapidez, y rápidamente finges hacerlas, como cuando mascullas la letra de una canción que no te sabes, sólo para que no te juzguen y condenen al ostracismo.

Parece ser que la mayoría de los que nos decidimos por las Humanidades tenemos un defecto en un gen que afecta la genialidad matemática. O debería de haberlo, para echarle la culpa a la genética de hacerme menos receptivo a los números. Ya tiene la culpa de que no tenga ojos azules.

Saloli dijo...

...pues yo he tocado varios instrumentos y me gusta mucho la música clásica, pero por lo que se refiere a las matemáticas soy un perfecto burro.

Tu estilo para escribir es una delicia, tengo poco mas de un mes disfrutando de tu enorme ingenio. Gracias por escribir. Nos haces verle el lado bueno a la vida.

New Jersey Divas dijo...

Gracias! Yo tambien soy ina discapacitada matematica!!!!!Quizas deberiamos empezar de nuevo desde el tercer grado.

antonietta valentina bustamante dijo...

Una venezolana en Montevideo, que bueno...un amigo muy querido me recomendó entrar a tu blog...grata sorpresa. Me encanta esa ciudad, paz total, bien happy...todo tranquilidad y mate.
Bueno, me gustó mucho visitar tu página. Yo comparto mucho d elo que cuentas en este texto, tampoco las quiero para nada, aunque he tenido a juro que tenerla cerca porque sí. En fin, vendré a visitarte cada vez que me sea posible. Un abrazo

joselo dijo...

La discapacidad matemática de alguien tan concentrado en otra u otras cosas, es falta de atención dispersa, según me diagnosticaron.

Anny dijo...

Conocen a alguien que sea bueno en letras e idiomas y a la vez sea un destacado Físico, Matemático, Químico o en alguna de esas Ciencias Ocultas? (llamemósles así,por lo menos para mí).
Lo que sí conozco, es muchos Ingenieros, Profesores de Ciencias Ocultas, super Programadores y CuasiGenios Númericos y Quanticos que tienen desde una pésima caligrafía: escriben en código; desconocen esa ecuación llamada signos de puntuación y ni hablemos de la ortografía=horrografía. Sus errores de redacción y sintaxis son elevados al cubo. Estas fallas literarias son directamente proporcionales a su destreza logica-matemática.
Sin embargo, esto no desmerita su inteligencia,m aportes e importancia dentro de la sociedad. Los Superdotados Matemáticos son Genios!! Los literatos y escritores son Bohemios!!
Ambos son inteligentes, brillantes y necesarios, cada uno en su área y con propósitos diferentes. Definitivamente El Quijote no hubiera sido el mismo escrito por Baldor, ni la Ley de la Relatividad hubiera sido propuesta por Miguel de Cervantes.
Saludos desde Panamá.

Elena Jiménez dijo...

Pasé Calculo diferencial e Integral I y II en la prepa, porque mi novio y gran amor sabía que yo estudiaría humanidades en lugar de ciencias y se chutó a resolver todos los problemas. Lo adororé por ello. Así que no eres la única mi querida "patrona glamour"

Saludos

Federico Gauffin dijo...

Jajaja!!
Soy igual que vos: no entiendo nada de matemáticas. Pero, por suerte, existen los celulares con calculadora (digo, por si no llevás una científica en la cartera).

George dijo...

solo un consejo... no salgas almorzar con amigos contadores....

uy !! ni te cuento !!

nadie puede equivocarse al sacar la cuenta porque luego se burlan del pobre infeliz hasta que se cansan...

Laura dijo...

Leila, recien me mandan la dire de tu blog....brillante, frontal y sutil a la vez, un hallazgo, te sigo. Laura

Marcela dijo...

Como siempre Leila, mi regalo de los Viernes es tu posteo.

También soy discapacitada matemática. Mi carrera de Filosofía se detuvo ante los pies de un ingeniero que pasó del concepto de número a Análisis Matemático en un mes. para colmo se apellidaba Cuadrado. Demasiadas aristas para mí.

cariÑos Leila

Cecilieaux dijo...

¡Dividir! Toda una tragedia.

Otramaría dijo...

"Dislexia numérica" Le llamó yo...los números y sus operaciones...me rindo! escribo 34 por 43...(lo puse bien?) y soy una descarada inepta para las matemáticas y sus hermanas y primas. ¡ánimo, no estás sola!

Anónimo dijo...

SALUDOS LEILA,NO TE ESTOY LEYENDO MUCHO,PORQUE LOS VENEZOLANOS QUE TE ESCRIBEN TU SABES PARA QUE ES,VIVEN ENRROLLADOS CON SU PARTIDISMO LOCO,ESTOY BUSCANDO UN ARCHIVO DE UN CUENTO DE UNA ESCRITORA MEJICANA,SOBRE CUESTIONES DE ACENTOS Y COMAS,Y OTRAS COSAS PARECIDO A LO QUE ESCRIBISTES SOBRE EL AMOR Y LAS LETRAS DESPUÉS TE LO MANDO,NO SABRÁS MUCHA MATEMATICAS PERO TU LECTURA ES MUY REFRESCANTE, JORGE SUAREZ DESDE VENEZUELA.

Patricia Arciniega dijo...

Qué suerte saber que no estamos solos en esto de las discapacidades.

Zhandra dijo...

Apreciada Leila: Llegué a tu blog por una de esas azarosas coincidencias a las que conduce la exploración Web. Te felicito por tu vibrante escritura y, respecto del asunto de las matemáticas, te cuento que yo, aunque graduada en estadística, no tengo la más mínima capacidad de ubicación, ni tampoco saco bien mis cuentas. El tema de las matemáticas no es sólo sacar cuentas, como decimos los venezolanos, sino adquirir herramientas para razonar lógicamente. Eso, querida Leila, en mi modesta opinión, lo tienes perfectamente logrado. Prueba de ello es este genial blog.
Saludos desde Venezuela

JLMejuto dijo...

Siempre que "la gente de letras" manifiesta su ignorancia matemática, lo hace, a mi parecer, como presumiendo de ello, cosa que me molesta, quizá por mi formación, podría decir que pertenezco a "la gente de números".
Me he sentido a gusto leyendo su artículo, y captar en él un cierto pesar.

Leila Macor dijo...

"cierto"?

A.m.E.l.i.A. dijo...

Genial hasta los grandes, sufren discapacidades.

wynnie dijo...

Pienso igual, por ejemplo yo estudio comunicaciones y quiero especializarme en periodismo y ¿¿de que me sirve los números??
Bueno se que hay cosas basicas como sumar, restar, multipiclicar y dividir pero para que mas...
con eso basta creo

No soy tann mala para los numeros pro igual me aburren, llevo estadistica aplicada y lo unico que consigo es marearme jajaja

En fin... buen post!!

La pelúa dijo...

excelente.

agua en la fiebre dijo...

Genial relato, pero como dice el matemático, los números son una cosa y las matemáticas son otra, no creo que haya lobotomización alguna, debe ser simple cuestión de preferencias.

Daniela dijo...

Creo que el tuyo es un problema que sufren muchas personas en el mundo de hoy, por el simple motivo de que, para ser competentes en el mundo laboral, debemos superespecificarnos en una y solo una materia. Al final, muchos terminan convertidos en entes que solo pueden hablar de particulas subatómicas, o lo que sea. Como no se nos exige, a veces olvidamos que está bueno saber, no solo para trabajar, sino para vivir.

La Tilde Perdida dijo...

Pues no, no eres la única. Yo tenía un calendario donde iba apuntando los días que me faltaban para dejar de dar matemáticas en el instituto... pero como a ti, me pasó factura: hace poco tuve que aprenderme la tabla de multiplicar (que he olvidado de nuevo) y me enseñaron a dividir por dos cifras, pero también lo he olvidado. También me dediqué a las letras y olvidé los números, que son necesarios.

LuKiA dijo...

Estoy de acuerdo con "agua en la fiebre". Mi mejor amiga y yo somos dos polos opuestos, ella es físico matemática, actualmente estudiando el doctorado, yo comunicóloga dedicada a la investigación. En la preparatoria no se me dificultaban las matemáticas, las disfrutaba. Ella, pese a que quería estudiar eso, le costaba mucho pasar la materia. Hoy en día, ella es excelente en investigación -de su área-, pero cuando vamos a comer juntas, yo hago las cuentas de lo que debe pagar cada una. No confundir las matemáticas con los números. Y bueno, a final de cuentas, ella con su lenguaje y yo con el mío, nos comunicamos. Lo olvidaba, mi amiga no tiene afinidad con la música y ni por bailar, yo no puedo vivir sin esas dos cosas. Saludos.

Anónimo dijo...

DICEN QUE DE LOS ERRORES SE APRENDE PERO EL QUE TU COMETISTE ES EL MAS GRANDE QUE HE ESCUCHADO Y DUDO MUCHO QUE TENGA SOLUCION PERO SI APRENDISTE

JCBeCa dijo...

¡Maravillosa! Como siempre, es un placer visitar tu blog.

Oz Vega dijo...

Jajajajajajaj
fascinante!
me tienes atrapado en tu blog.... se me ha acabado el tiempo de seguir leyendo, pero como dicen los enemigos de superman: Juro que volveré!
Saluditos

alf dijo...

¿Pero qué pasó aquí? Qué raro re-leerse (no a tí que lo hago cada tanto, sino ver lo que escribimos hace tiempo.
Saludos

Leila Macor dijo...

Sí, es raro, no entiendo. Por algún error se envió un email con los links a dos notas del año pasado. Espero que no pase de nuevo, se me volvió loco el sistema.

gp dijo...

Qué raro!
Siempre creí que para ser bueno en letras había que compensarlo con un buen razonamiento lógico y del mismo modo, para ser bueno en números había que compensarlo con mucha filosofía, je.
En ti esta "mi regla", no se cumple...y bueno, siempre hay una excepción, verdad?
Es un placer leerte, hasta cuando hablás de números.