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22/5/09

Las promesas condicionadas

Como todo el mundo sabe, el derecho italiano se deriva del derecho romano y de los códigos de Justiniano, y ambos influyeron en la mayoría de las reglas jurídicas occidentales. Pues bien, una de sus normas habla del “estado de necesidad” que, cuando existe, anula la promesa de una prestación exagerada.

En castellano, eso quiere decir que si por ejemplo un marinero le salva la vida a un náufrago luego de que éste, a punto de ahogarse, le prometiera una recompensa desproporcionada a cambio (“te doy mi casa, mi esposa, un millón de dólares, mi perro, pero sácame del agua”), entonces se considera que la promesa fue hecha en “estado de necesidad” y por lo tanto no cuenta.


Este asunto del “estado de necesidad” siempre me resultó simpático por sus aplicaciones a la vida cotidiana. Mi padre cuenta que en su primera juventud (ha tenido decenas de juventudes), cuando invitaba a una novia a la playa y ella, invariablemente, llegaba acompañada por su inquisidora chaperona, solía ofrecerle a esta señora que se fuera a comprarse lo que quisiera en alguna tienda cercana.

–Considérelo un regalo–, le decía, haciéndose el magnate aunque con la esperanza de que la doña fuera discreta en sus apetitos de compra. Pero cuando esta infaltable tía volvía dos horas después con dos bolsas repletas en la mano, mi padre deseaba apelar al “estado de necesidad” para faltar a su promesa. La necesidad, se entiende, era la de pasar un rato a solas con la chica.

Los creyentes que prometen a Dios recorrer de rodillas 40 km si su ser querido se salva de un accidente, bien podrían apelar al derecho romano ante el Señor para ahorrarse la autoflagelación. El almacenero que garantiza que su jamón es el mejor, el desempleado que ofrece trabajar el doble para que le den el puesto, el candidato que promete erradicar la pobreza en tres años, la maestra que pide silencio a cambio de un punto en las calificaciones, todos ellos actúan bajo el mismo impulso del náufrago, pródigo en promesas condicionadas, y no se vale.

No se puede creer en la palabra de alguien necesitado, acorralado, arruinado o excitado. Las únicas promesas que cuentan son las que no hace falta hacer. Y, si no hace falta hacerlas, entonces para qué hacerlas. Toda promesa guarda en su seno su futuro incumplimiento, así como el poder aloja el germen de la corrupción y el matrimonio, el del adulterio. Grandes los romanos.

21 comentarios:

May Sanabria dijo...

Por supuesto. Es mejor no andar soltando palabras de promesas por ahí, eso le resta credibilidad a uno en cualquier parte.

Abrazos.

rojo y gris dijo...

Ah que buen post, en realidad no se puede negar que escribes bien y divertidamente aunque a veces este tan en desacuerdo en ciertas cosas.

Anny dijo...

Este asunto de "estado de necesidad" me ha dado ideas acerca de como escabullirme de algunas promesas en tiempos de guerra o de conflicto.
Pero quien garantiza que usaremos este recurso con sabiduria y honestidad? Si las aplicamos a situaciones de la vida cotidiana, es muy conveniente. Pero como dices, es mejor no prometer...

Anónimo dijo...

Aun asi, necesitamos las promesas de otros para afirmar nuestro valor, de alguna manera, aunque sabemos que hay una chance de 50 porciento que no se cumpla o se quiebre... por eso las reclamamos (el clasico, mienteme que me gusta)

Aimed dijo...

Y justiniano de donde saco su codigo... pienso que de la biblia, la han leido? Ahi se maneja mucho el derecho. Justo esto lei hoy en jeremias 32: 11 Tomé luego la carta de venta, sellada según el derecho y costumbre, y la copia abierta.. Obligandome a leer la biblia antes de venir como metal al iman de tu blog, jeje... pero en eso de las promesas ,, hay tanto qeu decir .. como dijo el Anonimo en su comentario nos hace falta, nos gustan las promesas desde pequeños, pero cuanta falta hace enseñar a los hijos que cumplan sus promesas, cumpliendo nosotros las nuestras y si no ps mejor ni prometer eda? y como ya estuve entrada en biblia , ahi les dejo algo mas ...

Deut. 23:22
Mas cuando te abstengas de prometer, no habrá en ti pecado.
Eclesiastés 5:4
Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes.

Aimed dijo...

p.d.- No estoy de acuerdo tambien en esas promesas absurdas de ir de rodillas ni un km .. y ahora con elecciones en Mexico cuanta verdad en eso de las promesas de los candidatos con las puras promesas te das cuenta quien menos cumplira..ni a cual irle

bahiana dijo...

¿y qué hay de la responsabilidad de quien acepta la promesa a sabiendas de que quien habla es el 'estado de necesidad' y no el prometedor?

muy cierto eso del 'miénteme que me gusta'. pero cuando una sabe que le están mintiendo no puede luego quejarse por el incumplimiento.

pero así somos. muy buena esa idea, medio marxista por cierto, de que cada cosa tiene en sí el germen de su deterioro.

chévere post, como siempre.

florencia dijo...

Sí, como siempre muy chévere tu post.
Prometo seguir leyéndote!

agua en la fiebre dijo...

Me has hecho reflexionar sobre el malestar que me produce algunas veces el incumplimiento de las promesas que a mi misma me hago, que de eso si que tengo costumbre. Creo que me aplicaré el "estado de necesidad" con más frecuencia cuando me falle y no utilizaré el argumento de "no te lo prometas más", lo prefiero, me gusta hacerme promesas. Saludos.

lmg77 dijo...

Las promesas... es verdad, cuando se tiene encima el peso de una promesa, se tiene encima el peso de su incumplimiento.

Odiseo en Puebla dijo...

Ahora entiendo a los políticos...

Gladys dijo...

Hay mi Dios, que ciertas me resultan estas palabras en este momento...me doy cuenta que las promesas de un ser deseperado carecen de sinceridad...

Lais Castro dijo...

Muy interesante artículo! Sigo leyéndote Leila.
Por hablar en Biblia (Aimed), tenemos en el Eclesiastes: "Es mucho mejor no hacer votos que después de hacerlos, no los cumplir. (ai mi español!!! risas... soy brasileña).
Buenas noches.

Lobo López dijo...

Leila gracia !Es que te tengo que querer! Me has dado la justificación ideal para no cumplir tantas promesas como hago, sobre todo a mi mismo.
Prometí no volverme a comer a Caperucita, pero nada, cada vez que pasa vuelvo a comérmela. A la abuelita nunca (mentiras de cuento) a ella la dejo encerrada en el armario siempre.
Ah, me gusta eso de la primera juventud. Teniendo en cuenta que la juventud no es otra cosa que vida, es decir vivir.

Martín H dijo...

te prometo que seguiré leyendo el blog

alf dijo...

¡Eh! Amiga ¿no será Ud asesora de algunos políticos de mi México querido eh?

Voy a tener que leerla más de cerca...

Jaime Senra dijo...

claro, por supuesto, sí, ajamm. Un beso mujer descreída

La Tilde Perdida dijo...

Esas promesas son como las apuestas que no se pagan. Aún estoy esperando una comida que me deben...

Carla dijo...

ja, comienzo a descubrir tus obsesiones

LuKiA dijo...

Hola Leila.
Me molesta que hagan promesas y más en "un esado de necesidad". Cuando tengo novio una de las cosas que siempre les pido: nunca me prometas nada, si un día quieres hacer o dejar de hacer algo, sólo hazlo y ya. Prefiero los hechos, las acciones. Las promeas tienen amplios márgenes de error.

Lucía.
Ah! cierto Odiseo, ahora entiendo a los políticos, ¿cómo reclamarles si hasta la ley los apoya? Hay que obligarlos a firmar JAJAJA.

Oz Vega dijo...

wow!
ahora tengo una excusa perfecta... y validada por solidas fuentes escritas, legales y tradicionales!
ME encanta tu trabajo...genial