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6/3/09

Cómo ser un deprimido convincente

Para estar deprimido la primera cosa es adoptar una actitud suficiente: “atiéndanme bien, soy una persona lo bastante compleja como para estar deprimida”, debe ser el mensaje. Un deprimido frívolo es un despropósito, una aberración tan inverosímil como un astrofísico tonto o un pintor poco observador. La depresión es un lujo que sólo puede permitirse la gente perspicaz. Y a falta de perspicacia, representación: unos pocos monosílabos bastan para poner incómodos a los superficiales no-taciturnos que rodean al afligido. La habilidad con la que los deprimidos clínicos administran sus silencios consigue hacer suponer a los demás que entre un murmullo y un quejido se esconden milenios de sabiduría, congénita y adquirida. Por eso yo, que soy muy poco hábil para distinguir a una persona meramente callada de un maestro zen, siempre reaccioné con respeto ante un tipo postrado de tristeza en una cama, temiendo que mi demasiado hablar perturbara sus inescrutables cavilaciones sobre el sentido de la existencia. Y es que uno confunde con una simpleza brutal el silencio con la meditación y, luego, la meditación con la buena meditación.


La cuestión es que cuando por fin me tocó entrar en ese mundo, aunque en su versión pasajera, tuve el cuidado de forjar esa imagen de tipa lista, con los torpes resultados que cualquiera se podrá imaginar. Silencio, abatimiento, desaliento, aparente sosiego en un estruendo interior, intranquilidad contenida, resignado amordazamiento de la energía... Asentí con aparente intensidad cada comentario de mi oponente (cuando se está deprimido, el “otro” es siempre un oponente); hice creer a todos que había un significado velado en sus palabras que me había conmovido, algo en una simple mención al clima o a la cartelera del cine capaz de removerme profundamente.

Por fortuna, en la mayoría de los casos éste es un estado transitorio, porque tan agotadora farsa no puede sostenerse demasiado tiempo. La conciencia del ridículo y la verdadera depresión no pueden ir juntas. La segunda exige sustraerse de una conciencia ajena a sí mismo. Pero además, y allí radica el verdadero problema, es que todo ese circo interior es tremendamente tedioso. El deprimido –tanto el crónico como el circunstancial– no tiene inputs ni outputs. Ha perdido la capacidad para leer e interpretar su entorno. El pensamiento rota alrededor de un mismo punto, un recuerdo, un hecho, una ausencia, sin que ninguna pasión sea capaz de desviarlo de su órbita. Todo lo externo parece banal y se instala la monotonía temática. Por eso la tristeza, a la postre, cuando se prolonga no es otra cosa que aburrimiento.

19 comentarios:

Anónimo dijo...

Es que el mundo es un circulo que no vascila en ser lo que es...te lo digo porque lo que he leido me propone mas que nunca, y en el momento perfecto...tal vez, exagero...pero que momento!!

Slds Leila!

Anónimo dijo...

chama!!! menos mal que volvistes, ya me hacia falta.
R.

joselo dijo...

Exacto

mariana dijo...

que cierto que es! y además tan simple y no lo veia. muchas gracias, te extrañaba!

Nirazid Nakazed dijo...

Hola!!! (con 3 signos para que se entienda bien)
Realmente extrañé leer tus textos! Ya estoy acostumbrada a reirme con ellos.
Un abrazo.

Odiseo en Puebla dijo...

¿Y qué dices de la melancolía? Para muchos es encantador transportarse a través de sus recuerdos a un tiempo pasado. La melancolía tiñe con un dejo de emoción esos recuerdos, hace que pensemos que ese instante en el pasado era algo cercano a la Edad de Oro, y no nos percatamos de que, simplemente, estamos tristes o levemente inconformes con nuestro presente.

Leila Macor dijo...

La melancolía... Oh, la melancolía! Ha cambiado tanto!

Migue dijo...

Leila, tu comentario se opone a mi estado meditativo, no me distraigas, intento recuperar mi modorra que como un frisbee lancé y pachorra me da ir a buscarla.
Edad de oro... esas sí eran épocas doradas.
Migue

Anónimo dijo...

Que profundo Migue...
Que monje budista ni que nada.

Aunque les dire que esto ultimo de Leila no me rei ni creo haber entendido del todo.. me lo pueden explicar con manzanitas?

Fue un tanto como estar platicando medio dormido y medio despierto, tal vez en la modorra... que se yo..

Yo tambien te busque Lily si no diario, con dos dias de diferencia.. jajaja Ojala escribas mas seguido ...

Anónimo dijo...

ahh!! y no soy anonimo soy Anonima
de México,, es que no se como es eso de nombre de usuario y contraseña .. ashh

Anónimo dijo...

El lobo y yo nos alegramos de tu vuelta. Para él que de vez en cuando se deprime, pues añora su estepa, leerte lo anima. Gracias.

Anónimo dijo...

la enfermedad de los escritores! Solo me extrana que, a juzgar por la calidad de tus textos, no te haya prostrado de muerte, jeje.
Jaime Senra

Anónimo dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=67eZD2MXX0g

Anónimo dijo...

Hola Leila:
Leí tu libro y me reí mucho de nosotros mismos.
Gracias por tu humor.
Un abrazo, Karina

sinkuenta dijo...

Leila, como siempre me ha gustado mucho tu post. Es verdad que los deprimidos están demasiado ensimismados... se han olvidado de cualquier otra cosa que no sea ellos mismos y por el camino se han ido quitando las fuerzas para poder abrir de nuevo la ventana a la vida y a los demás... Un abrazo

Alice In Wonderland dijo...

Completamente de acuerdo, el verdadero deprimido no se preocupa de su pose, un aplauso por tu artículo.

Vilma Fontana dijo...

Qué buen post. Hay deprimidos y deprimidos... no?

Elena Jiménez dijo...

Me parece que hiciste un poco de filosofìa de la depresiòn. Y en esta madrugada aburrida, me dì cuenta que mis pesares no son màs que aburriciòn jeje. Esclarecedor para mì tu artìculo.

Rolus M dijo...

... Un color invariable rige al melancólico, su interior es un espacio de color de luto; nada pasa allí, nadie pasa...