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9/1/09

Regalo de despedida libre de humor

Me ha tocado despedir y ser despedida (en ambos casos, tanto en aeropuertos como en lugares de trabajo) y llevo dos semanas tratando de recordar algo divertido que se pueda rescatar de esas experiencias. En las despedidas laborales encuentro kilos de comicidad, pero no es de ésas de las que quiero hablar, sino de las aeroportuarias, a las que no les descubro ninguna gracia. Todo porque quiero escribir algo sobre las despedidas que funcione como un regalo que haga reír a un amigo que se va y que nos deja en su lugar un hueco tan prodigioso y brusco como un cráter.


Me estrené en esta agónica versión del dolor cuando, a mis 18 años más o menos, fui a despedir a mis entonces mejores amigos, que emigraban a Canadá desde Venezuela. Ahora, casi 20 años después, sólo recuerdo que era de madrugada, no habíamos dormido nada y yo tenía tanto sueño en el aeropuerto que lo único que quería era que se fueran de una puta vez. Luego vino mi propia despedida en Caracas, que oportunamente olvidé por completo. La memoria es así, elige sin criterio lo que permanece y lo que se va; sólo a veces es solidaria pero lo hace por azar.

Después llegaron otras separaciones, más o menos tristes, en Montevideo. Siempre eran extranjeros que se iban mientras yo, aun para mi propia sorpresa, me seguía quedando. La capital uruguaya tiene muchas ventajas, pero en el tema “despedidas” es calamitosa: llegó un momento en que se hizo rutinario ir al aeropuerto, lanzar tres lágrimas, abrazar a alguien en un consuelo mutuo y escaso y luego volver a casa a cocinar el almuerzo, por ejemplo, sintiendo cada acto con el extrañamiento de lo nuevo o de lo último, consciente de que esa naciente tristeza quedaría anclada ahí durante unos meses, en la milanesa, en el bar, en la parada del ómnibus, en otros cráteres ahora cicatrizados. Así que comencé a evitar encariñarme con extranjeros para no tener que despedirme de ellos después. Dictaminé que sólo tendría amigos uruguayos, que estadísticamente son menos proclives a irse, aunque por supuesto no he podido obedecer este ridículo mandato.

Como se ve, no encontré demasiada comicidad en mis recuerdos de despedidas pasadas. Es imposible apelar a la risa cuando se está sumido en un sentimiento hondo. El humor necesita distanciamiento para funcionar. Un chiste sobre un velorio es gracioso en una boda, no en un velorio. El humorismo, para actuar, debe reducir lo solemne al absurdo, por eso siempre es inmoral, irrespetuoso y burlesco. Y la única forma en que esta operación inmoral consigue intervenir sin patetismo es a través del desapego, de la lejanía que permite observar un evento con la distancia de un crítico. Ahora me veo como una heroína de mi propia tragedia, sin la frialdad ni el ánimo vitales para transformar estos días en comedia. No tengo el alejamiento necesario para habilitar la risa, porque el humor es enemigo del extremo, del sentimiento, y más aún del sentimiento extremo. Así que mi regalo de despedida para mi (nuestro) amigo queda trunco, a la espera de que pasen los 20 años que hacen falta para recordar la madrugada del sábado como el día en que teníamos sueño en un aeropuerto.

29 comentarios:

Gustavo dijo...
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Mary White dijo...

No hay consuelo,Leila. Es un tema que a mí también me persigue.Yo, personalmente ni lloro, ni río.Me quedo hueca, impasible, como un robot. Por eso soy tan melancólica, creo.

Tenía un amigo genio del humor que se dedicó a contar chistes en el velorio de su padre y se rió de sí mismo hasta el momento de su muerte. Nos lo hizo muy difícil,porque no podíamos llorar, no nos dejaba. Es la reacción más extremista de rebeldía frente a lo inevitable que conozco.

Lo único que puedo decirte? Piensa que ahora puedes chatear con Diego,que existen móviles,que no es absolutamente definitivo... en el siglo XIX habría sido peor. :))

(qué mal consuelo,lo sé!)

La Tilde Perdida dijo...

El problema de los que se van es no sólo el alejamiento físico, sino el espiritual, por muchas nuevas tecnologías que haya; el reencuentro al cabo de los años puede causar extrañeza. En las despedidas se pierden muchos amigos.

Por otra parte, he pasado mucho tiempo en estaciones de autobuses, metros, trenes... cuando estudiaba fuera de casa y las veces que he tenido amores en la distancia, y las despedidas han sido la mayoría de las veces angustiosas, pero una se va haciendo de hierro. En esas depedidas, para terminar con un punto cómico, algunas veces he visto a parejas enamoradas haciendo todo tipo de "tonterías", como llamarse al móvil (celular) mientras se miran a través del cristal del autobús, y seguir hablando cuando el bus sale en marcha. Siempre nos podemos reír de las situaciones ajenas, así que las despedidas sí pueden ser graciosas.

A-nah! dijo...

¡Qué lindo Leila! Un abrazo de parte de los que se quedan para ti y acompaño tu sentimiento con un abrazo inmenso para el Diego viajero... :)

¡Muak!

Leila Macor dijo...

Uy gustavo, perdón, borré tu comentario por error! Pero en realidad no se trata de otra cosa que del cansancio por vivir en países que te fuerzan a despedir a un amigo tras otro. Me pasaba en Venezuela y me pasa en Uruguay. La pareja permanece (por suerte), pero los amigos están siempre yendo y viniendo. Total: uno termina teniendo una vida de diplomático sin haberla elegido.

Cecilieaux dijo...

El humor requiere también la sorpresa y en la despedida no la hay. A menos que vuelvas del aeropuerto a cocinar la milanesa y te encuentres a tu amigo sentado con una sonrisa pancha en tu living. "Ja, ja. Caíste."

May Sanabria dijo...

que triste lo que dices, definitivamente despedir a alguien es tan duro. Me imagino que tambien para ellos lo es, sobre todo cuando se van de su tierra natal a un lugar nuevo y lo dejan todo!
Un abrazo!

jimeneydas dijo...

Un método que funciona para quitarle solemnidad al momento es decirle al que se va "te diviertes, pero te diviertes ¿eh?" (o variantes como "disfrutas tu viaje", etc.) con el mismo tono que empleaban las mamás y abuelitas cuando sermoneaban "te cuidas".

Gibris dijo...

En mi entorno no son tan comunes las despedidas aeroportuarias, pero tengo una experiencia muy significativa. Tengo un amigo colombiano, se vino a vivir acá a México, después de 6 años de tener un grupo de amigos bien padre, de llevarnos como hermanos, un día decidió irse a vivir a Argentina. Lo fuimos a despedir y ya te imaginarás el verdadero drama que armamos!!!!! Lo único que nos salvó de un colapso lagrimal fueron unos dibujos, si, se nos ocurrió hacerle un pequeño comic de nuestra historia.......todo para que a los 6 meses regresara despavorido a México....ayyy qué cosa!!

Raul Chami dijo...

Estimada Leila, hermoso nombre.
No concuerdo con usted sobre "el azar de la memoria". Con respecto al humor, es muy interesante "El chiste y su relación con el inconciente" de Sigmund Freud.-Mucho gusto

Odiseo en Puebla dijo...

Ocurre siempre que nos topamos con los momentos solemnes, y son esos los que de vez en vez nos visitan, como lo decía Serrat. A mí me ha tocado comprobar que siempre es preferible despedir a las personas queridas, porque de otra forma nos queda un huequito en el corazón. Y tienes toda la razón en cuanto a ser diplomático, porque si no mantenemos contacto, esa amistad se enfría o se pierde.

Anónimo dijo...

Prefiero evadir las despedidas, sobre todo las amorosas. Hace no mucho, son mexicano, ana amiga, debía irse a estudiar una especialidad a Cali. Anduvo buncándome desesperadamente durante los tres últimos días antes de su partida, y yo, por mi parte, negándome a su encuentro y sufriendo, desde leugo. Lo prefiero así, al menos hasta ahora.
Con mis amigos sucede otro tanto. En fin.

Graciela Ventimiglia dijo...

No es fácil despegarse de uno mismo, tomar distancia de nuestros propios sentimientos...
El tiempo y la memoria son dos entidades que pueden jugar a favor o en contra. Afortunadamente, la memoria es selectiva y tiende a preservar nuestra integridad mental, por eso es que con el tiempo podemos recordar sólo las cosas buenas y no el dolor que nos produjeron las malas.
Saludos Leila, y como siempre excelente artículo.
Leerte se está convirtiendo -muy a pesar mío- en una adicción. Sos la única bloguera que me lleva a leer hasta dos veces el mismo artículo, y estoy suscripta a 300 blogs...
Saludos!

JLMejuto dijo...

En la mayoría de los casos las despedidas son tristes. Al leer este artículo he intentado encontrar alguna despedida alegre en la que yo haya participado, y lo conseguí.
En el verano del 1965 fui con mi novia a despedir a unos amigos a la estación. En principio la situación estaba cargada de nostalgias,cuando de pronto observé que allí las parejas se besaban efusibamente. Teniendo en cuenta que en España estábamos en plena dictadura los besos en público estaban prohibidos, (no exagero, pues ya habíamos sufrido en el madrileño parque del Retiro alguna llamada de atención por parte de la autoridad competente), pero parecía ser que en la estación la censura levantaba la mano por lo de las despedidas. No hace falta decir que lo aprovechamos.
Con el tiempo creo que vi la misma escena en una película italiana.
Nos copiaron la escena. Bueno no la teníamos registrada en la Sociedad de Autores.

Luis Núñez dijo...

Estimada Leila Los que emigramos por diferentes causas ya lo sabes en nuestro interior siempre tenemos un sentimiento de amargura por dejar nuestra tierra, familiares y amigos, pero hoy gracias a la tecnología no estamos tan lejos, un abrazo para ti y tu amigo desde Zaragoza España.

Colifa dijo...

LLegue de rebote a este blog y la verdad es muy bueno, es agradable encontrar algo bueno para leer en Internet....
¿Que decir acerca de lo que has escrito? Aveces, de esta manera nos damos cuenta de lo esfimera que es la vida, nada es para siempre en esta vida, excepto la muerte. Un saludo y me veras mas seguido por aqui, espero que en algun momento pases por mi blog y te agrade (disgresion: si lo haces me parece que te puede ser muy aprovechable el analisis de Artigas que por ahi hay)

JMR dijo...

Genial, Leila.

Anónimo dijo...

Me fui de mi país hace más de un año y todavía me duele la despedida de mi gente, aunque les prohibi a todos llorar y lo cumplieron a raja tabla. Tu blog me hizo recordar todo ese dolor y te lo agradezco porque me sirvió para darme cuenta que el cariño sigue ahi.

Carlos el baterillero dijo...

Hola Leila

Gracias por la mención hacia mi, en tu post de fin de año.

En ocasiones hay gente, de la cual no nos despedimos y es que tampoco han partido, pero dejamos de verlas, como si se hubieran incluso mudado de planeta. Es lo que podríamos decir, partieron de nuestras vidas y no sabemos porque.

Una vez, despedíamos a un amigo, que partía en bus...nunca mas le vimos...el bus, era viejito, y necesitó del empuje de varias personas para arrancar. Nosotros éramos un grupo grande e hicimos arrancar al bus...pero, cuando este partía, nos dimos cuenta, que uno de los que empujaba, era justamente el despedido...el bus, se iba y el no. Tuvimos que correr, gritar y silbar, para lograr detener al bus y que el amigo partiera. Era el amigo, que partía sin partir.

Saludos desde Perú
Carlos el baterillero

[H] dijo...

Buuuuuuuu, si las despedidas son lo peor ! la mayoria de mis grandes amigos del cole y la universidad abandonaron el pais en busca de mejoras, la mayoria lo logro es la unica alegria.

Saludos

H.

joselo dijo...

Cuando no le encuentres el humor a una situación, repasá Woody Allen. Seguro se lo encontrás. La rosa púrpura... cuando parodia el final de Casablanca. Decile a tu amigo en el aeropuerto que Nick debería ser él.
Como todos los míos, éste es consejo de gil. Yo hice el papel de Humphry Bogart en abril y quedé embromado; tanto que en un par de meses haré el de Ingrid Bergman. Me debés un chiste para hacerle en el reencuentro.

Minerva Ocio dijo...

Me hiciste recordar cuando tuve que despedir a mis familiares en México para ir a montevideo, y despues despedirme de toda esa gente linda que conocí en Uruguay. Las despedidas siempre pesan cuando hay buenos recuerdos de por medio.

La pelúa dijo...

y así es, qué sé yo, todo queda registrado en una maleta. Hay algo que siempre me afecta de esas personas que quiero y que se van a su país verdadero, o a su país por elección circunstancial, y es el momento en que todo se va guardando en la valija, joder, no sé, esas maletas tienen una carga emocional muy fuerte.

Alter ego dijo...

Ajam...

Ernesto dijo...

Pocas veces tuve que despedir amigos que se iban, pero a veces, sin quererlo nos estamos despidiendo (leer "Delia Elena Sanmarco" en "El Hacedor" de Borges).
Eso sí, cuando tenés que depedir a tus hijos y nietos, parece que todos se hubieran ido de golpe.
Que la tecnología acerca, es cierto. Pero no es más que una prótesis cuando te amputaron la mano.

dezaragoza dijo...

Me gusta cómo escribes, seguramente te seguiré más. Un saludo.

Ignacio dijo...

Leila: got me on my knees.

Sensi dijo...

Hola soy amiga de Luisa, me acercado a este blog por el premio que ella me a concedido mucha gracias, me ha encantado tu historia... un besote muy grande para las dos... Sensi

Anónimo dijo...
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