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30/1/09

Los juegos de salones

Los juegos de salones; y no los juegos de salón. Nos molaban cuando éramos niños, cuando fuimos adolescentes, luego en la universidad y, a unos cuantos, también ya de grandes, en alguna asamblea de vecinos o en una cumbre de presidentes. Los juegos que jugábamos en los salones de clase. Los que nos encantaría volver a jugar si tuviéramos tanto tiempo libre como entonces. Los que se juegan en casi todas partes del mundo (bah, supongo, al menos en Occidente). Esos juegos de salones para los que lo único que se necesita es un lápiz, un papel y dos personas aburridas.


El que se lleva el premio a la candidez es el tatetí. Al principio pensábamos que todo era cuestión de suerte, pero luego, desgraciadamente, nos dimos cuenta de cuál era el truco. Hacia los 10 años descubrimos que todo lo que había que hacer era poner la X o la 0 en una esquina y, desde entonces, el juego se dirimió siempre en un aburrido empate.

Después vinieron otros más elaborados como el tutti frutti. A, b, c, d, e, STOP! Al principio los campos eran básicos (nombres, países, animales), pero después buscamos rubros mas complicados, como Marcas De Autos, Capitales, Mamíferos. Todo mientras una anoréxica nos hablaba de la hipotenusa o un historiador revisionista nos decía que los americanos no fuimos descubiertos, si ya estábamos aquí. Los únicos que atendían la clase eran los que se sentaban adelante: formaban la vanguardia de tragalibros cuya única función era ocultarnos del profesor. El resto de la clase, atrás, hacíamos campeonatos en los que terminábamos discutiendo que la capital de Sudáfrica era Pretoria y no Johannesburgo.

Era la misma época del ahorcado. Con ese pasábamos más tiempo definiendo las reglas del juego que jugándolo. El que estaba por morir buscaba escapatorias (no, píntale los ojos; oye, ¡faltan los botones!), mientras el verdugo era implacable con su monigote de cabeza, tronco y extremidades.

En ninguno de estos juegos era demasiado grave ganar o perder. Nos molaba matar el tiempo cuando nos sentíamos atrapados en un salón, es todo.

Pero después vino la batalla naval, que exigía un nivel de deducción demasiado alto, y comenzó la competencia en serio. Fue ese el momento en el que la vanguardia de tragalibros comenzó a participar. Y ganaban siempre. Los acusamos de infantiles y dejamos de jugar con ellos. Los juegos de salón se transformaron entonces en tonterías de niños.

17 comentarios:

Jaime Senra dijo...

Ahora son los celulares (¿tamb le dicen asi en Urug?). Parece que los telefonos son la pesadilla del profesor moderno. No es que toquen a medio de la clase, sino q los chamos se ponen a "textear" entre ellos. Sabías que en Japón las muchachas escriben veraderas y literales novelas por celular? Algunas se convierten en existos tan grandes q acaban en papel!!

La Tilde Perdida dijo...

Creo que nuestra época fue la de los Románticos. Hoy día un niño no suele desarrollar mucho la imaginación para jugar con su playstation o su teléfono móvil. Lo tienen todo hecho. Qué pena.

A-nah! dijo...

Lo de descubrir el truco de la vieja definitivamente a mí me rompió el corazón :(

Anónimo dijo...

gracioso eso de los nombres de los juegos. en mi barrio en guayaquil, el tatetí es 'tres en raya'. el 'a,b,c,...' es 'planta el carro' (quien terminaba primero tenía que gritar 'planta el carro'. eso era todo un arte porque estando en clase no es que se podía echar el grito así no más)

el ahorcado sí es el mismo, pero ni idea de 'la marina'. ¿cómo iba ése?

Anónimo dijo...

perdón, no la marina, 'la batalla naval'. qué falta de respeto la mía...

- dijo...

Facebook es una herramienta como el lápiz. Lo que se hace con el FB depende del individuo. La transición de la curiosidad del joven a la nostalgia del viejo es antiguo como Cervantes. La imprenta democratizo los libros el FB democratiza escribir e intercambiar ideas. Escribir es pensar cuantas toneladas de papel se consumen por cada Divina Comedia.

Leila Macor dijo...

La batalla naval es uno donde cada jugador dibuja una grilla (rayas horizontales y verticales) de modo que en su hoja tiene columnas numeradas y filas "letradas". Así cada cuadradito es identificable, como los partidos profesionales de ajedrez. Uno entonces tiene X cantidad de barcos que dispone en su "mar", sin que el otro sepa, es decir ocupando cada uno 3, 4 o 5 cuadraditos. Y el otro tiene que lanzar "bombas" a cuadraditos al azar, como al 4K, o el F2... Que golpean en el barco, lo hunden o caen al agua. Algo así. No creo que en Perú no lo jugaran! Debe tener otro nombre.

guichitos dijo...

¡¡¿¿Hay un forma de empatar siempre en 3 en raya??!! ;)
Saludos desde Bolivia me gusta mucho tu blog. Vas a animarme a lanzarme a esto de las blogosfera algún día.

Aquiles Martin dijo...

muy buenos recuerdos XD, pero el hecho de estudiar en colegio mixto nos abre un universo de ´juegos más entretenidos jojojojo
lamentablemente ahora la gente prefiere jugar en sus celus o aislarse con sus ipods.

Grupo Assíntota e O Menino que Contava Estrelas dijo...

hola leila, sigo te leyendo a cada semana... mi gusta todo que escribes!
buena semana,
lais, desde la playa de boa viagem, recife, brasil.

bahiana dijo...

gracias, leila, por la explicación. sí jugábamos eso con alguna variante que no recuerdo bien (el nombre tampoco). y hablo de ecuador, por cierto.

saludos e insisto, qué blog tan refrescante,

Celestino García Madero dijo...

Los juegos en el salón eran divertídisimos y es una cosa que se ha perdido, y sin querer parecer nostálgico, no queda más que compadecer un poco a los pequeños de hoy.
Saludos

Leila Macor dijo...

Ecuador! juro que quise decir Ecuador! perdona, qué horror

Odiseo en Puebla dijo...

Esto de la tecnología... Lo que estamos viendo es que nunca nadie anticipó los posibles usos que podría tener un aparato de comunicación, pero eso no quiere decir que los niños no puedan fomentar su imaginación: lo hacen sin necesitar forzosamente la convivencia social, lo cual puede ser malo en sí.

En mi caso, sólo disfruté mi infancia cuando visitaba a mis primas y jugábamos a Doña Blanca, al Stop, el basta, el matarí-lerí-lerón... Ya no se diga el fútbol.

May Sanabria dijo...

Bueno acá se juega mucho aun el STOP y triqui, tambien la naval. Pero sin duda rin rin siempre me sacó canas. Nunca vi donde estaban los numeros!!

Que emoción con la que cuentas todo, me hace sentir con ganas de jugar :D

Abrazos!

Franco V dijo...

Discrepo con los tremendistas que dicen que cada tiempo pasado fue mejor.
Mi hija juega al tateti muy seguido, y lo único malo es que me pinta la cara siempre (traducción para los No Uruguayos: me gana fácilmente). Claro, un día se avivó y se dedicó a juntar un resultado para cada letra, y de tanto jugar ya los sabe todos.
Yo creo que espacios para la imaginación y el contacto con otros niños sobra, nada más que ahora tienen más opciones para hacerlo. Antes yo me juntaba con sólo con los 2 o 3 chicos de mi edad de mi cuadra, ahora ellos se hablan por chat y media hora después hay 30 niños de difrentes barrios reunidos cara a cara en una plaza/McDonald's/Rambla/Shopping/casa.
O se juntan a jugar al Wii y terminan ensopados de sudor, y afuera hay 2°C. Yo en esos inviernos estaba tirado en un sillón viendo por enésima vez el mismo capitulo de Tom & Jerry. Solo.
O escriben, si escriben! Tiene blogs, se esciben cartas (por mail/Facebook/metroflog).
Y son menos tímidos, si no se animan a decirle a una chica que les gusta, el mandan un mail, y listo, si pica, tienen novia.
O tienen una duda, se meten en Google y aprenden en dos minutos la diferencia entre un avestruz y un ñandú.
Y ya los padres no le tiene que decir "no te pierdas". Si se pierde, lo llamamos al celular.

La verdad, si pudiera ser niño de nuevo y elegir la época, quiero serlo ahora!!!

Ratoncito Maquero dijo...

Es la primera vez que veo tu blog (dando clicks llegué a él). Pero créeme que se convertirá en mi consultorio diario. Excelentes ideas. Un abrazo desde Chiapas, México.

Daniel Martz.