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19/9/08

En busca de la nevera* perdida

Hubo un tiempo en que llené ese problemático electrodoméstico con libros y adornos. Y es que cuando uno está recién mudado y sólo tiene un par de sillas heredadas de la abuela, los únicos estantes de casa son los de la nevera, que alberga sólo dos huevos de alguna gallina prehistórica, una zanahoria fosilizada, una papa con raíces que trepan por las paredes y un ex pollo nadando en hongos.

Pero aún a pesar de esa dramática situación soy adicta a abrir la nevera. Cada tres minutos. Durante una conversación, como un tic, por aburrimiento, por nerviosismo, por vaya a saber qué megalómana expectativa gastronómica. Indagar compulsiva e inútilmente su contenido debe ser uno de los menos estudiados reflejos de la vida moderna. Tan ilógico como el de quien revisa mail y, como no recibió ninguno, inmediatamente vuelve a revisar.


11/9/08

Autoestima encapsulada para mujeres

A cada rato recibo un mail con un attachment de PowerPoint dedicado a convencernos a las mujeres de lo valiosas y hermosas que somos. Algunos de los hallazgos filosóficos con los que estos archivos pretenden mejorar nuestra autoestima son: “¿Sabías que las mujeres en las revistas están retocadas? ¡No son perfectas!”; “La belleza de una mujer no está en su figura (…), debe brotar de sus ojos, porque ellos son el lugar donde reside el amor”; las mujeres “luchan por lo que creen, no aceptan injusticias y van al médico con una amiga que tiene miedo de ir”.