´

5/12/08

Gracias por no descuartizarme

Cuando el sentimiento de culpa planta su bandera no hay quien lo eche; y es un huésped nada agradable. Por algo los griegos representaban el remordimiento como mujeres monstruosas con alas de murciélago y cabello de serpientes que venían del infierno a torturar a los criminales, y las llamaron Erinias.
Gracias a ese infierno íntimo que significa el sentimiento de culpa es que no cometemos tantas atrocidades como quisiéramos. La culpa garantiza nuestra convivencia. Se encarga de que no andemos por ahí descuartizando idiotas, coleccionando amantes o matando a los perros de los vecinos.

Por eso en la medida en que la gente menos sufre de culpa, más se acerca a la ilegalidad. Un caso extremo es el de los psicópatas, tipo Jack el Destripador: no sienten remordimientos, como si fuera una enzima que no se les activa.
Pero además hay como una especie de psicópatas legales. Son iguales a los criminales: no conocen la culpa, nos hacen daño, se ríen de las normas de convivencia y se ufanan de sus deleznables logros. Sin embargo, no podemos mandarlos presos.
Se trata de los incumplidos. Su psicopatía puede reconocerse a través de las absurdas excusas con las que se justifican: la computadora se contagió de un fatídico virus justo cuando iban a enviarnos aquel archivo, la doméstica se murió o sus hijos se enfermaron de repente de una contagiosa enfermedad.
Son los que te dicen “¡justo estaba por llamarte!” cuando al fin te atienden el teléfono, los que afirman “¡acaba de salir!” cuando llamas para protestar porque el repartidor no ha llegado y los que aseguran que dejaron un mensaje para avisar que no vendrían.
Un lector me contó: “el récord lo tiene un carpintero al que llamé pidiéndole que viniera a casa por un presupuesto. Me llamó un año después para ver a qué hora podía venir”. Igual que mi plomero: después de dejarme plantada, me asegura que dejó un mensaje en mi teléfono. “No hay ningún mensaje”, le digo. “Pero yo lo dejé”, insiste. Al final, termina haciéndome sentir idiota o, mínimo, loca.
No son una raza: son una enfermedad social. Juegan con nuestro futuro, nos hacen trabajar el triple de lo previsto y son culpables de las tachaduras de nuestras agendas. Por qué lo hacen, nunca lo sabremos. El misterio de los incumplidos jamás se resuelve.
Hace poco una empleada pública debía mandarme un mail con cierta información, pero al día siguiente, nada. Al otro tampoco. Al tercero le envié un SMS. Cero. Al quinto día la llamé: por supuesto no respondió. Cuando al fin la pillé, soltó: “¡Cómo! ¿No recibiste mi mail?”.
¿Es que esta gente no sabe que es imposible que un mail se “pierda”? Si no llega a su destinatario, rebota. Hasta mi abuela sabe eso. Pero ellos no se amilanan ante la obviedad de la mentira. Insisten en el engaño hasta extremos ridículos, como el marido infiel que dice “no es lo que parece” mientras la amante a su lado se despereza.
Para los incumplidos, “perdón” es una palabra impronuciable. No se identifican con su víctima lo suficiente como para sentir algo de culpa. Si persisten con su inverosímil “te dejé un mensaje” lo hacen más para que no los molestemos que para liberarse de un remordimiento que en realidad no sienten.
En fin, son gente enferma. Cada vez que alguien nos dice “¿no recibiste mi mail?”, debemos entender que estamos hablando con un psicópata. Y agradecerle, entonces, que sólo nos mienta y en cambio no nos descuartice.

15 comentarios:

Fela Tylbor dijo...

¡Yo también odio a esos descuartizadores encubiertos!
Muy bueno tu artículo.

Fela

sinkuenta dijo...

Como siempre, me he deslizado en tu escrito tan fluido... para encontrarme al pintor aquel que después de hacerme un presupuesto se pasó el primer día de trabajo quejándose de que lo que iba a cobrar era poco y dejando inacabada su obra tras haber cobrado el dinero... y tantos otros que han contribuido a que haya perdido la fé en la puntual visita de toda una corte de fontaneros, electricistas... Un saludo: Alicia

el charo dijo...

"¿Es que esta gente no sabe que es imposible que un mail se 'pierda'? Si no llega a su destinatario, rebota. Hasta mi abuela sabe eso."

Y sin embargo sucede... Yo envié un correo a una lista de correos (a la que yo también pertenezco) y el mensaje no llegó —ni rebotó, o envió avisos de que lo estaba intentando— durante once meses y medio.

Pasado ese lapso, todos los de la lista (incluido yo, claro está) recibieron el correo, sin que yo lo reenviara.

Leila Macor dijo...

Enigmas de nuestro insólito universo virtual...

La Tilde Perdida dijo...

No sé si con los e-mails ocurre, pero con los mensajes de móvil sí, muchas veces, sin saber por qué, no llegan. Por desgracia, hay mucho mentiroso compulsivo por ahí suelto, es una enfermedad, y algo pernicioso para los que les rodean: nosotros.

Anónimo dijo...

Hola Leila, te he descubierto recientemente y me gusta como escribes aunque me parece que en esta última entrada hablas de cosas que no tienen relación. Primero haces de la culpa algo positivo al decirnos que es ella la que nos impide cometer crímenes y otras barbaridades. La culpa, querida, es un concepto cristiano que no impede a nadie cometer crímenes. No todas las culturas tienen este concepto,prueba de que es cultural y aprendido. La culpa es castrante y opresora y un arma que ha utilizado poderosamente la iglesia católica para someternos a su tiranía. Después saltas de los sicópatas al personal que sencillamente no opera con la eficacia y eficiencia que nos gustaría, pero ahí también equiparas a los obreros con los amigos o amigas que no responden a tiempo a nuestros mensajes.
Bueno, ya lo dejo que me estoy poniendo pesada también yo. Salud y saludos,
Ana

Mimo dijo...

Lectura rizomática y listo! A mí me gustan estas relaciones!
A mí me pasó, Leila... y fui de esas que dicen lo del mail... tenía que deshacerme de alguien... no lo logré ni así! Pido perdón, pero no siento culpa... qué sé yo...
Muy bueno!
Salud!

Pentti dijo...

Hola, amigos,

estoy leyendo los escritos de Leila aquí en la Escandinavia y me estoy disfrutandolos muchísimo.

Besos
Pentti

Catalina dijo...

Pues a mi me gusto mucho hace poco que te sigo y las comparaciones que haces en tu escrito me parecen fantásticas los prestadores de servicios y los servidores públicos son el mejor ejemplo de este mal, aveces quisiera uno que el piso en el que está de pronto fueran arenas movedizas y desaparecieran, lo siento por aquellos que si son cumplido. Lo único que queda es no caer en esta clasificación nunca, ni un poquito. Buena semana a todos.

Marco dijo...

jejej genial...

Jairo César dijo...

[lector nuevo]

me encantó tu texto... muy divertido y aún verdadero... hay miles y miles de incumplidos sueltos por todo el mundo...

abz.

Sonieta dijo...

No habia tenido la oportunidad de leer este escrito y me gusto por la manera en que personificas la impuntualidad... ello me ha llevado a pensar que vivimos un mundo de psicopatas...
Genial... muy buen escrito

Irving dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Las 2Rubias y la Morena dijo...

Pero que dices, los destripadores y toda esa gente no hacen nada si tu no les haces nada.
Besos

Valentina Pereira dijo...

Este post esta de muerte lenta!!! creo que nunca habría podido describir tan bien lo que se siente cuando a uno lo toman por pendejo... me esta gustando este blog Leila, seguiré husmeando por allí.