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21/11/08

Miedo a volar

Siempre que las aeromozas hacen la pantomima previa al despegue pienso que se están burlando de mí. No me interesa dónde están las puertas de emergencia ni cómo se abren: en el improbable caso de que quede con vida después de estrellarnos, podré salir por cualquier rotura y, si no la hubiera, aún así abrir la puerta será el último de mis problemas. Después las simpáticas señoritas nos hablan de los chalecos salvavidas como si nos dieran la receta de una torta. Y con la misma ingenuidad de la tía Pocha cuando indica las medidas de harina y leche suponiendo que su auditorio las recordarán luego, estas chicas pretenden que yo me acuerde, mientras el capitán de la nave nos informa que caeremos en medio del océano, de que tengo que rodearme con el cinto así y asá y que no puedo soltar la perillita roja cuando el agua comience a entrar a chorros dentro del avión siguiendo el implacable principio de los vasos comunicantes. Entonces deberemos nadar contracorriente esquivando flamantes o futuros cadáveres y, sólo cuando estemos “a salvo” en alta mar, sólo entonces, podremos inflar el chaleco tirando de no sé qué cosa que estoy segura de que no funcionará.


También nos ofrecen entretenernos con unas simpáticas mascarillas que saldrán mágicamente del techo nunca se sabe cómo. Debemos tomarlas y respirar con normalidad. ¿¡Normalidad!? Ya me da un ataque de asma cuando veo caer la mascarilla en el video instructivo mientras las aeromozas representan su colocación. Y encima, en algunos aviones tienen el humor negro de proponer que, si caemos en el mar, usemos las “posaderas” de nuestros asientos como tablas de salvación. Pero por qué no se van un poquito a cantarle a Gardel.

Siempre me pregunté quién es el macabro humorista que diseñó todas estas ridículas medidas de seguridad y por qué. Según mi hermano Fabrizio, es simple: el avión demora tanto en caer que ciertos anónimos servidores pensaron, amablemente, en actividades capaces de mantener entretenidas a las víctimas durante el largo entreacto entre la vida y la muerte.

32 comentarios:

viovio dijo...

mUy bueno Leila
te felcito

¡qué miedo volar!

Luna dijo...

WOW!!! que idea macabra y acertada la de tu hermano!
Me lleva a pensar que siempre el "sistema" en cualquiera de sus expresiones nos está proporcionando reglas, normativas, pasos a seguir... maldita burocracia! al menos que nos dejen morir en paz!

federico gauffin dijo...

Una vez, las benditas máscaras de oxígeno cayeron del techo frente a mis ojos espantados.
Los gritos de la gente, el pánico, el llanto... Mamita! No me olvido más de eso.
Se había despresurizado la cabina, usamos las mascaritas pero salimos todos con dolor de cabeza.
Fue hace 15 años atrás, en una empresa que se llamaba "LAPA".

[H] dijo...

Volar es lo mejor, amo esas situaciones en las que no se puede hacer nada solo esperar a que el tiempo pase ... (a menos que secuestren el avion) ... tambien me divierte horrores el menu que sirven en el avion ... el de air france siempre sera el mejor(Concorde 1992 NY-PARIS-NY)... es asi .. volar es un placer. Nunca he entendio el medio a volar de alguas personas, el riesgo de morir esta presente en todo momento ... quizas lo unico que realmente me da miedo de volar es el momento de aterrizar cuando se puede escuchar que aplusos y gemidos son emitidos de la seccion turista.

A-nah! dijo...

¡Uy! Este estuvo como rudo... digamos, mortal.

BTW ¡Felicitacioncísimas por tu librooooo!!!! ¡Qué emoción! Quiero verlo ya... :)

Kyra dijo...

Has dicho!

Si llegara a caer esa mascarita de oxigeno alguna vez mientras voy en un avion... no te quiero ni contar...

Abrazos!

[H] dijo...

que un libro de Leila Macor ? LO QUIERO YA !

Jorge Henríquez J. dijo...

Me acordé del Argentino Girondo...

"No sé. Me importa un pito que la mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! - y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretenden seducirme!"

Anónimo dijo...

Por lo menos una pregunta tiene respuesta, y es la de por qué el macabro humorista que diseñó todas estas ridículas medidas de seguridad lo hizo: responsabilidad civil. Te cuentan todas esas historias para que en el improbable caso de que sobrevivas un accidente no le puedas hacer juicio a la línea aérea. Que si alguien escucha o no, da igual.

Saludos, Víctor

Seda y Humo dijo...

jajjaajajajajj..muy muy bueno..
Todavía me estoy riendo de la manera como has escrito y descrito tal situación..
Muy chevere tu blog
Mirella

Leila Macor dijo...

Sí! el libro saldrá en un par de semanas, pero no te preocupes, H, que te vas a enterar. besos!

El sitio de Iris dijo...

Hola, Leila. Releo tus "post" y me muero de la risa. Ya soy tu fan, porque no todos los días una encuentra algo así. A cada rato me río de tu experiencia en el gimnasio de verano (acabo de descubrir el blog)¿Llegará tu libro a Cuba? Me gustaría.

Ketty dijo...

holaaaaaaaa

leilaaaaaa
queria decirte que me gusta mucho tu publicacion
especialmente
ese
que dice
miedo a volar
eso esta muy bien
porque
ami me gusta porque
yo viaje en avion y pase lo mismo
que dice en el texto
osea
que tuve miedo

mucho miedo
y aun lo sigo teniendo
pero no tanto
porque
me dormi
en el avion
y no senti
nada
bueno
ya te dije todo lo que tenia que decir adiossss

y besos

Leila Macor dijo...

Hola Iris, gracias! Esta semana subiré algo sobre el libro ("Lamentablemente estamos bien", sobre Uruguay y los uruguayos, de Sudamericana) aquí en el blog, pero todavía no ha salido de imprenta. Además estoy viendo la manera de venderlo a través de internet porque tengo entendido que al principio estará en venta sólo en librerías en Uruguay. Pero no sé en el caso específico de Cuba cómo podremos hacer... Pero algo arreglaremos, cualquier cosa te lo mando. Queriendo se puede.

naza dijo...

La teoría de tu hermano es buena y ahora mas que el los aviones nuevos uno tiene pantallitas personales por cada asiento, es muy probable que mientras caigas en picada te proyecten fantasía de disney , muy bueno tus texto te felicito

saludos

Anónimo dijo...

Que bueno el tema del libro Vene!!! Te felicito. Mantenenos al tanto.
Beso grande

Arg.

Iris dijo...

La noticia del libro es excelente, Leila. Te decía que no sé si hasta acá llegará o cómo, pero sería buenísimo tenerlo-leerlo. Gracias. Y muchas felicidades por eso y por hacerle la vida agradable a quienes te leemos.

Tute dijo...

Bravo por el libro!

Jorge Bedregal La Vera dijo...

La pregunta que le hice a mi padre con mi inocencia que cumplía ese mes 8 años: "¿pá, para que sirven los cinturones de seguridad?, él muy serio (tenía un miedo inconfesable pero imposible de dismular a los aviones) volteó y me respondió con voz estentórea: "Para que el reconocimiento de los cadáveres sea más fácil". Gracias Laila. me alegraste la semana, como siempre.

Jorge

Leila Macor dijo...

jajajajaa, buenísimo!

Melibea dijo...

Ciertamente, antes de despegar, no consuelan mucho las medidas de emergencias. Yo, cuando se ponen a explicar todo eso, me pregunto si mis alas mágicas resistirán la cercanía del Sol, pues no es que se derritan, sino que son fotofóbicas.

Un saludo

La pelúa dijo...

dónde está el libro?

Pepe Orraca dijo...

Sos un genio, pero no se preocupe yo le digo eso a cualquiera.

Graña Velasco - Comunicación Institucional dijo...

Leí tu post y me acordé de muchas cosas relacionadas con vuelos. Sobre todo los que hacía de pequeño con mi padre. Una vez, en un vuelo Buenos Aires-Tucumán (noroeste argentino), nos tocó un avión que tenía dos filas de asientos, tres de un lado y tres del otro. Me senté en el asiento del medio, mi padre a mi izquierda y un tucumano, con cara de 'asustao', a la derecha junto a la ventanilla. El avión comenzó a moverse, ya teníamos los cinturones ajustados y las azafatas hacían sus pantomimas, cual 'paquininhas'. El tucumano me mira azorado y me pregunta: -'Questebapa'tucumaaaaaaááán????. La anécdota carece, obviamente, de gracia si se desconoce la tonada e idioscincracia tucumanas, y demás está decir que estuve tentado de decirle que no, que íbamos para Chile.
Otra anécdota, ya de mi padre, fue luego de un vuelo muy complicado en el que habían caído las mascarillas de oxígeno. Mi padre no tiene alma de Boy-scout pero parece que se enterneció y tuvo que asistir a una señora mayor que se asfixiaba con su mascarilla de oxígeno puesta (debe haber sido cuando ya estaba verde y después de divertirse un poco...). Claro, la pobre señora, con la mascarilla puesta, en medio de un descenso casi en picada, movía frenéticamente la cabeza desde el frente a la izquierda y desde la izquierda al frente como habían hecho las azafatas en la demostración y el compresor no daba abasto para suministrarle el oxígeno necesario. Si non é vero...

Lulet dijo...

¡Sublime!

Saludos enormes desde esta orilla.

Maria Martinez dijo...

Ese “ macabro humorista que diseñó todas estas ridículas medidas de seguridad” son cientos de personas que tras cada accidente o incidente aeronáutico, se dedican a analizar de una manera absolutamente meticulosa todos y cada uno de los aspectos que hubieran podido intervenir. Cada accidente-incidente cambia en mayor o menor medida la aviación; de cada error se extrae un aprendizaje que se incorpora de inmediato de modo que, en lo posible, no se repita. Cada aprendizaje cuesta mucho dinero y trabajo, a veces dolor y víctimas.
Si se nos da unas pautas de actuación para una posible emergencia, aun a sabiendas de que normalmente no hacemos mucho caso, es porque todas las personas se merecen tener acceso a esa información tan costosa. Es nuestra opción personal como usuarios el hacerla nuestra, ignorarla o tomárnosla a broma. También es su opción personal como escritora de éxito, el enfocar un artículo que posiblemente lean miles de personas de una manera u otra; estoy segura que sabría enfocarlo con el mismo ingenio en todos los casos.

Juan Pablo Baene dijo...

excelente!

Miguel Angel dijo...

Hola!. Saludos gente, un gusto leerlos a todos, ingeniosos y divertidos, lindo artículo tu relato Leila y genial reflexión de Fabrizio.

Tratando de comprender(?) de cómo llegamos a tener miedo a volar, decidí hacerme un autocuestionario según mis creencias y me sorprendí!!!

P - Es miedo a volar o miedo a estrellarse?
R - Es miedo a quedar moribundo y cuadriplégico

P - Estrellarse a 900 km/h duele?
R - A 900 km/h estamparse contra el piso no duele nada, aseguran en una encuesta realizada a 200 cadáveres.

P - Al estamparse contra el piso A 900 km/h, alguien se salva de morir por el impacto?
R - Si, los que mueren antes, producto de un paro cardíaco.

P - Que nos asusta más en vuelo, el piso o el avión?
R - Ninguna de las dos cosas, es un mito demostrado en distintos campos de la ciencia por Sir I. Newton y confirmado por S. Freud, que demuestra que lo que nos asusta es la constante de la gravitación universal donde G=6.67·10-11 Nm2/kg2, sean estos objetos: planeta y avión, a 9.81 mt/seg2, en el remoto pero posible caso de caer.

P - La constante de la gravitación universal es igual para todos los cuerpos celestes?
R - Según los últimos estudios es así, por ejemplo en Marte, no hay ni un solo caso de accidente aeronáutico fatal y se estudia este fenómeno en ese planeta, para aplicarlo en la tierra, esto salvaría muchas vidas aquí, asegura Brian May, en un informe oficial de la NASA.

Si se nos muere alguien conocido en un accidente de tránsito, seguramente acompañamos al féretro en automóvil.
Si se nos muere alguien conocido en un accidente aéreo... que hacemos?, vamos al entierro en avión?, noooooo, mirá lo que le pasó al difunto por volar.
Qué loco no?. Lo hacemos en automóvil porque es "más seguro"

Estadísticas:
Volar es 20 veces más seguro que viajar en automóvil (hay un accidente aéreo cada un millón y medio de vuelos, 27 accidentes en el 2003 en 50 millones de vuelos), 10 veces más seguro que subir una escalera o incluso que tomarse una ducha. Para sufrir con seguridad un accidente en un avión, habría que tomar uno todos los días durante 31.000 años.
Entonces mejor me voy a volar, que es más seguro que conducir en tierra.
Relacionamos que volar implica la real posibilidad de caernos y entonces me pregunto:
Qué pasa con los que están abajo?. Hemos pensado que la mayor parte del tiempo estamos abajo?.

Bueno, tengo miedo a volar, aunque llevo 20 años volando continuamente, el miedo no es tonto, es lo que nos mantiene alertas, la fobia a volar es la cuestión, he acumulado una buena cantidad de horas de vuelo... y sigo vivo.
Ya desde hace un mes, también tengo miedo a estar en tierra!!!, que me arranque algo hacia arriba y luego me suelte en vuelo, me parta la cabeza y me caigan encima. La realidad supera la imaginación a veces.
Esto me pasó, es el único golpe en la cabeza que he recibido en mí vida, estando abajo, cuando desde un parapente biplaza con dos personas a
uno de ellos, un pasajero holandés, asustado por el miedo a volar, me agarró estando yo al lado cuando depegaban de la montaña, si, dije agarró, como con garras y todos pa rrriba, al darse cuenta, ya en el aire, me soltó a unos metros del piso, me partí la cabeza contra unas piedras por lo que deduzco que mi cabeza pesa más que mis pies y luego me caen encima los dos con sus 225 kilos, equipo incluido, mas la velocidad a la que venían, sobre mi cuerpito y cabecita, resultado, dos buenos tajos en la nuca y mollera, tres puntos y hoy me hacen un electromiograma por mi columna.
Vaya, caramba!, he descubierto que le tengo miedo a volar y ahora más a que otros vuelen. Tendrá nombre esa conjunción de sentimientos? o se llamará solo mala pata?
SUPONGO ENTONCES QUE LA VERDADERA SOLUCIÓN AL CONFLICTO ES:

Entregarse

Si uno teme a volar, con o sin indicaciones, creo que posiblemente le terminará cantando a Gardel... face to face.

Saludos

MEZCALITO dijo...

Qué bueno que todas las mujeres del mundo perdieron el MIEDO A VOLAR para llegar a ser verdaderamente bellas, son mas bellas libres como las aguas del mar, como las corrientes de húracan fuertes, sinceras y libres de hacer de su vida una pirueta en el aire y dejarse llevar por la voluntad de Dios y la propia voluntad.
Enhorabuena Leila por lejos que estes, este mundo es un pañuelo.
UN BESO Y FELICES PASCUAS DE NAVIDAD!!!!!!!!!!!!!

cristian dijo...

yo pienso que si el avion se va a estrellar no ay nada que hacer.El avion cae de muchos metros de altura,es una trampa mortal.

Amarilys dijo...

Hola Leila, me agrada tu blog, me lo recomendó Fabrizio, el fue mi jefe en el Min. de Familia en Venezuela, pense que era loco y algo atrevido en expresar lo que siente a través delas palabras pero veo que es algo de genético...me gusta tu originalidad y tu forma sencilla de ver los cotidiano...que para muchos puede ser complicado y algunas veces irreflexivo. Ojala Fabri me mande tu libro luego, porque estoy en USA. Exitos, sigue escribiendo por favor!
Me has inspirado a escribir algunas de mis vivencias por demás catastróficas, mete patas y algunas muy cómicas.. jeje

Tanyluz Sciortino dijo...

Qué estrés! Siempre he pensado lo mismo.