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19/9/08

En busca de la nevera* perdida

Hubo un tiempo en que llené ese problemático electrodoméstico con libros y adornos. Y es que cuando uno está recién mudado y sólo tiene un par de sillas heredadas de la abuela, los únicos estantes de casa son los de la nevera, que alberga sólo dos huevos de alguna gallina prehistórica, una zanahoria fosilizada, una papa con raíces que trepan por las paredes y un ex pollo nadando en hongos.

Pero aún a pesar de esa dramática situación soy adicta a abrir la nevera. Cada tres minutos. Durante una conversación, como un tic, por aburrimiento, por nerviosismo, por vaya a saber qué megalómana expectativa gastronómica. Indagar compulsiva e inútilmente su contenido debe ser uno de los menos estudiados reflejos de la vida moderna. Tan ilógico como el de quien revisa mail y, como no recibió ninguno, inmediatamente vuelve a revisar.


En contraste, las neveras de las grandes familias son las mejores: helado, milanesas, salchichas, paté, pan de molde, quesos, jugos. Cuando visito una de esas casas, la plenitud de sus refrigeradores se despliega ante mí esplendorosamente, mostrándome un tupper arriba de otro, todos llenos de misteriosas delicias que me remiten al útero materno –porque, por consenso, las mejores neveras son las de mamá, antes de que el doctor le prohibiera comer sal, grasas, dulces y embutidos–.

Se sabe que la biblitoteca es un espejo de su dueño, pero como la mayoría de la gente no tiene una, la nevera se transforma en la segunda pista a seguir. “Es una atorranta que sólo come galletitas con manteca”. “Unos glotones que ni saben lo que tienen aquí dentro”. “Una acomplejada que se rodea de productos light”. “Un par de snobs bañados en champagne y sushi”. “Una botella de vodka en el freezer... mmm, éste me cae bien”.

Pero las más sospechosas son las neveras como la mía, porque quien no consigue evitar que le salgan telarañas a los tomates y transforma su refrigerador en un mundo devastado tras una tercera guerra mundial, es alguien que no puede encargarse ni de una planta. Tal vez por eso los que tenemos la nevera desierta insistimos en abrir y cerrar su puerta, en la esperanza de que la tecnología por fin haya logrado que la comida se reproduzca ahí dentro por generación espontánea. Lo cual sería biológicamente dramático, pero así al menos dejaríamos de vernos retratados en esa fría aridez.


(*) Nevera: para los que no hablan español, me refiero a una heladera.


10 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo admito.

Quiero un hijo.

Pero dejo morir hasta un tomate.

[H] dijo...

: )

joselo dijo...

Algún constitucionalista español te diría que es más preciso "castellano", porque según la Constitución española también son español el euskera, el catalán y el gallego. Si preferís, "venezolano". En "uruguayo" se dice heladera. En el freezer de la mía tengo un ABSOLUT MANDRIN. Pero no me hagas carita.

Leila Macor dijo...

Pues cualquier intento de dar una lección lexicográfica queda banalizado por el contenido de tu freezer. Así que :)

A-nah! dijo...

Jajajaja Y si... Buenísima la nota al pie! *-)

Madelen dijo...

"Nevera" va mejor que "heladera" para tu título porque evita una sinalefa bastante cacofónica ("lahela") y, por aquello de "las nieves del tiempo", evoca mejor el título de Proust (para los que no hablan francés, En busca del tiempo perdido). Además connota "nunca" en inglés.

Jorge Ojeda dijo...

Perro, que comentarios más interesantes sobre la morfosintaxis del español. Igualmente prefiero decir quiero una "cervatana bien elodia" que "quiero una cerveza helada". Hace muchos años mi "nevera-heladera-freezer" tenía puras cervatanas, ahora pura comida, vegetales y alguna que otra cervatana. Salud.

Carlos Licea dijo...

A la nevera también puede llamársele "refrigerador", como hacemos en México.
Excelente tu profunda y sagaz reflexión :).

Alvaro dijo...

Sublime esta capacidad para debatir acerca del alcance de una cervatana bien elodia en una izoztegi-nevera-refrigerador-heladera made in China...

Urko Martínez dijo...

Este texto me parece muy interesante tienes un tic que no había oído jamás de el.
Las neveras de las familias no tienen por que ser las mejores por que ai familias que no tienen ni nevera.