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8/8/08

Los turistas de supermercados

Me cuesta admitirlo, me cuesta incluso escribirlo porque siento que se hace realidad a medida que lo nombro. Pero soy testigo frecuente de ello y considero que debe saberse. Hay gente a la que le gusta ir al supermercado. Sí. Gente que disfruta tal cosa como si se tratara de un paseo dominical. Gente, incluso, tan adicta a ese emporio publicitario que lo visita así nomás, como quien va al parque o a la playa.

Repito: los he visto. Vivo cerca de un supermercado muy grande, diríase bonito –siguiendo el concepto estético de estos insólitos adictos–, espacioso y lleno de productos rarísimos –para ellos– como queso de cabra, salmón ahumado y tacos mexicanos. Y allí abundan estos visitantes de feria moderna, deseosos de darse un baño de gran ciudad antes de volver al barrio a hacer las compras en su clásico almacén.

Los descubro mientras zigzagueo a toda velocidad con mi carrito, atropellando viejitos y niños. Son parejas que van despacio, sin carro, tomadas de la mano y mirando el contenido de los estantes como quien observa la arquitectura de Venecia. O familias (¡familias!) que circulan con lentitud comentando los precios de los electrodomésticos y de las pantuflas mientras llevan, a lo sumo, 100 gr de manteca en la mano.

A pesar de mi experticia haciendo slalon entre estos visitantes molestos, a veces tengo que parar el carrito para dejarlos pasar. Entonces todo ocurre en cámara lenta a mi alrededor mientras yo sigo viviendo en tiempo real. No perciben mi prisa, no se dan cuenta de que estoy allí por un motivo. Apenas me esquivan como si yo fuera un poste y no el Demonio de Tasmania haciendo las compras.

Quién hubiera dicho, cuando se instalaron los primeros supermercados grandes en Montevideo y tanta gente protestó en defensa del almacén de barrio y del paisito, que estos intrusos elefantiásicos se transformarían con el tiempo en museos de comida donde la gente acudiría a sacudirse la modorra en las tardes invernales. Ahora hay que redoblar la apuesta: que venga Disney. Que por favor se instale Disney al lado de casa y entretenga a estos turistas que copan las cajas, obligándome a hacer eternas colas tras parejitas que compran manteca como souvenir de sus excitantes paseos vespertinos.

4 comentarios:

Jorge dijo...

Estoy totalmente de acuerdo contigo querida amiga. Todavía no entiendo el placer de ir a pasear a un supermercado y además adueñarse del pasillo completo, mientras uno quiere ir directo a lo que va para poder salir en estampida e intentando marcar un record "olímpico" en entrar y salir sin al menos mentarle la madre y sin refunfuñar por lo atravezado del asunto. Deberían incluso colocar un canal rápido y el otro para bobos.
Como siempre excelentes notas de la vida cotidiana.

Anónimo dijo...

ay, yo soy una de esas bobas, pero cómo me ha divertido el post

goro dijo...

Algo me hace sospechar que hace mucho no tienes pareja... me divierto mucho con tu acidez, me recordás al Negro Dolina en las Crónicas del Angel Gris. Desde hoy seré tu fiel seguidor.

leslie dijo...

Si es horrible ver esa situacion, yo tambien la he visto de cerca, eso significa que la publicidad funciona y la falta de criterio tambien, saludos.