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22/8/08

El desafío de los formularios

El campo en blanco de los formularios donde uno debe escribir su ocupación es una pregunta ontológica. Me detengo en la taquilla que corresponda, donde sea que me vea en la necesidad de llenar tan vertiginoso espacio en un papel, haciendo un recuento de mi vida como si estuviera ante un túnel con una luz al final. Debo poner tales expresiones de desconsuelo que por lo general el funcionario de rigor me dice, comprensivo: “No importa, poné cualquier cosa”.

Sí, ¿pero qué? ¿¡Qué!?


En eso, siempre envidié a los maestros, médicos, relojeros, abogados, carpinteros y contadores. Me los imagino escribiendo su ocupación sin titubear, con la misma naturalidad con la que han puesto su nombre y su cédula, sin miradas angustiosas al empleado que aguarda inexpresivamente, sin relojes imaginarios que les indican que llenar esa pavada no debería tomar tanto tiempo. Tienen el trazo seguro y ningún cuestionamiento sobre su función en este planeta.

He observado con atención esta realidad: el 70% de los que optan por profesiones tradicionales lo hacen para no encontrarse con un vacío existencial en la taquilla de una oficina pública o al momento de llenar datos para obtener una tarjeta de puntos del supermercado. Los demás somos como el pintorzuelo de marinas y bodegones que escribe soberbiamente “Artista”.

Cuando hace años yo decía que era correctora, muchos me miraban como si me acabara de autodefinir como una filóloga especializada en las variaciones del habla turkmena durante la cosecha del algodón. Algo parecido sufren los directores de doblaje, arquitectos de páginas web, cultivadores de lombrices, drag-queens, creadores de crucigramas, fabricantes de servomecanismos y ‘negros’ literarios. Para las amas de casa, por ejemplo, enfrentarse a un formulario es uno de los momentos más violentos de la vida cotidiana. O escriben “ama de casa” con la mirada gacha, o lo hacen desafiando a quien ose cuestionar la Gerencia del Hogar. Y muchas se valen de un “asistente de…” para poner luego la profesión del marido, lo que las reduce al 10% de lo que son realmente. (Este porcentaje también lo estudié con detenimiento).

Somos los que, en los formularios que encima tienen el tupé de indicarnos las opciones, recurrimos a la última: “Otros”. Pero el problema no es nuestro –o sea de los “otros”–, sino de los formularios. El concepto bajo el que éstos se elaboran no ha evolucionado. Nos siguen preguntando las mismas tonterías que nos preguntaban hace 100 años (nombre, edad, ocupación) cuando en realidad, si esta gente que hace bases de datos de verdad quiere saber algo de nosotros, las preguntas deberían ser otras, como por ejemplo qué páginas web tenemos en “Favoritos”.

Porque en la sociedad hipervinculada en que vivimos, nuestras múltiples ocupaciones se relacionan entre sí tocándose en el punto donde se hace clic. Pero cada link no es la totalidad. Quiero decir: lo que nos define no es una sola actividad, sino los hipervínculos que nos llevan de una actividad a la otra. Y es por eso que un formulario siglo XXI debería olvidarse de las profesiones totalizadoras con las que buscan organizar dicotómicamente el mundo, como si actuáramos en un cuento de Hadas donde cada personaje cumple una sola función. Cómo lograrlo, qué sé yo. No es mi ocupación diseñar formularios: en eso, los “otros” sí estamos claros.

4 comentarios:

Powerful dijo...

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joselo dijo...

Qué coincidencia, Leila, vengo de sacar número para renovar el pasaporte y me piden título de escritor. "¿El acta de algún premio sirve?". "Bueno, traiga eso". Tus notas siguen saliendo con una calidad impresionante. Yo últimamente he sacado varias con fritas; me avergüenzo si abrís mi blog. Pero este tema de la profesión en los formularios creo que me pintó bien hace un tiempo.
http://olascuaga.net/?q=node/14
Un saludo cordial

Marga dijo...

Qué buen post! me reí mucho, está notable la estadística que hiciste y esa idea de los hipervínculos de nuestra vida. Yo como contadora y analista de Organización y Métodos he tenido que diseñar formularios varios en una organización pública y nunca pensé en esto!!! A lo mejor para el próximo censo alguien toma la idea de los links en favoritos. Gracias por entretenernos cada semana Saludos Marga

Farándula dijo...

Lo de "asistente de..." no lo había oído nunca, pero recuerdo cuando era niña y mi madre rellenaba los formularios del colegio con aquel misterioso sus labores.

Quienes no hemos terminado la carrera pero somos ya mayorcitos para poner "estudiante", que hemos trabajado en todas las variedades laborales que nos han caído en suerte... ¿qué somos?

Ciertamente el concepto de "profesión", dice hoy día bien poco de uno mismo.