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16/5/08

Uán, tu, tri, for

Claro que me mola hacer ejercicio. Bienestar. Fuerza. Belleza. Amor propio. Quiero todo eso. Llego al gimnasio una tarde de verano para dar patadas al aire con el mayor entusiasmo. ¡Hoy toca boxing! Estupendo.

La música me acompasa, dos piñazos para allá, dos para acá, una patada y cuatro saltos y va de nuevo. Diez minutos después el sudor que me chorrea, el esfuerzo físico y los gritos del profesor (¡uán, tu, tri, for!, ¡uán, tu, tri, for!) me sumergen en una vorágine de dopamina energética y me siento, sencillamente, feliz.

Ups, pensando en la dopamina me perdí. Ahora soy una atrofia en este perfecto sistema coreográfico. Me reincorporo al pelotón de boxeadoras, uán, tu, tri, for. Tanto sudor en grupo ya enrareció el aire, el espejo está empañado y el olor a elefante que sale de este gimnasio se debe sentir a dos cuadras.

Qué calor. Faltan cuarenta minutos y ya no tengo energía, mis puñetazos acarician a mi supuesto contrincante y mis piernas se levantan apenas cinco centímetros del piso. Me detengo y me encorvo, las manos en las rodillas, para recuperar el aliento.

¿A quién se le ocurre hacer ejercicios en verano? Podrían comprar un aire acondicionado estos piojos, con toda la guita que nos sacan. Pero pienso en los beneficios mirando a las flaquitas que están a mi alrededor, y que saltan con la energía de un pan que sale de la tostadora. Qué bien se ven las zorras, no se les mueve ni un centímetro de nalga.

Claro, no tienen nada más que hacer: con 3 horas diarias de ejercicios, más las dietas y los masajes reductores, así cualquiera. Mientras pateo y golpeo a una chica imaginaria frente al espejo, descubro que mis grasas ondulan bajo el jogging como el agua en una bolsa plástica.

Me duelen los tímpanos por culpa de estos parlantes paleozoicos que distorsionan los bajos. El calor me aplasta, el aire está todo respirado y la coreografía se complicó tanto que doy las patadas con las manos y los puñetazos con los pies.

Me repito “Bienestar, Fuerza, Belleza, Amor Propio” para recordar el motivo que me trae aquí. Pero mi cerebro ya no se oxigena lo suficiente como para recitar este mantra y saltar al mismo tiempo. El profesor me grita: “¡Come’on, Woman! ¡La clase no terminó!”. ¿Quién se cree? ¿El comandante de las fuerzas de ocupación en Irak?

Qué tendrá que ver “Bienestar, Fuerza, Belleza y Amor Propio” con el deporte. Yo mejor me busco a un analista. Con aire acondicionado.

1 comentario:

Anónimo dijo...

por suerte en mi gimnasio sí compraron aire acondicionado...así no tengo que además de soportar los kilos de más que me cuelgan por todos lados, el calor infernal que producen muchos cuerpos altando y brincando al ritmo del uan tu tri