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5/5/08

La infantería urbana de los sacamocos


Vamos en el ómnibus y pimba, vemos al de al lado hurgándose la nariz. En la mañana olvidó liberarse de los mocos resecados durante la noche y por eso termina de asearse allí, como quien se peina en el auto. Luego miramos por la ventanilla y descubrimos a una linda mina que controla su entorno para asegurarse de que nadie la mire y zas, se saca un moco destruyendo con ese gesto su glamour. Y a partir de entonces ya nada será igual. Ambas visiones nos han sensibilizado y los sacamocos que nos rodean, antes ocultos en la bruma de nuestra negación, adquieren una súbita visibilidad.

Es cuestión de disponerse a ver la realidad para darnos cuenta de que estamos rodeados de ellos. Y, después de un intenso autoanálisis, tal vez podamos asumir que somos ellos. Pero no intentemos una confesión y sigamos hablando de “ellos” como de “otros” porque, después de todo, nadie se siente aludido en una generalización.

La oficina, el super, el shopping, los autos, la sala de espera del dentista y las filas de la DNIC pululan de gente que se masturba las fosas nasales hasta llegar a la glándula pituitaria, para hacer una bolita y examinarla con atención esperando descubrir quién sabe qué maravillas. Son la infantería urbana de los sacamocos, capaces de chocar el auto antes que suspender su labor de minería nasal o de sacrificar su imagen ante la suegra con tal de liberarse de un moco pegado en las narinas.

Están los que intentan disimular su adicción, pero otros la practican sin más, escarbando las paredes internas de la nariz mientras fruncen la cara y aprietan los dientes arriesgando una hemorragia nasal. Esos después atesoran sus mocos en un pañuelo, tal vez para mirarlos con nostalgia más tarde cuando se suenen la nariz. Algunos elaboran esmeradas bolitas que tiran luego al aire lanzándolas con el pulgar y el dedo medio. Otros, sencillamente, se los comen.

Estos muco-adictos no han comprendido que para tales operaciones existen ámbitos privados como el baño, que es donde podemos hacer todo tipo de cosas con nuestras secreciones. Allí podemos estudiar qué dedo es más apropiado para qué clase de mucosidad (más aguada, más dura) y apreciar si, por ejemplo, la uña del meñique está algo larga porque nos permite rascarnos las resequedades adheridas como garrapatas en el interior de la nariz.

Esto último lo sé, por supuesto, porque me lo han contado.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Me he reido un monton... cada linea me la podia imaginar como una tira comica... divertidisimo... se lo lei a riccardo tambien...
Anabel